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jueves, 18 de noviembre de 2021

Me entrevistan en A la Ventura

Han tenido a bien entrevistarme en el programa "A la Ventura", en À punt, la televisión autonómica valenciana. No he sido capaz de colgar el vídeo como Dios manda, y por tanto sólo puedo poneros el enlace al programa completo, que dura dos horas. Aparezco entre el 1:22:26 y el 1:26:00, en diferido, porque tenía una reunión a la hora del programa.
Justo después ha intervenido Miguel Soler, secretario autonómico de Educación, que ha despachado mi intervención con dos lugares comunes y ha pasado a otra cosa. Lo conozco desde hace bastantes años, y entonces parecía que sabía algo más. Pero bueno, el mismo se califica al pretender que, cuando uno critica al sistema educativo y a los políticos que lo gestionan, se está metiendo nada menos que con los alumnos, los padres y los profesores. Es una táctica que he visto en otros políticos inútiles, pero de este esperaba algo más. En fin, llegó a su cargo actual en 2015, donde se encontró con una tasa de fracaso escolar en la Comunidad Valenciana del 30,7% y unos resultados en PISA de 499 puntos en Lectura, 485 en Matemáticas y 494 en Ciencias; en 2019 se había reducido el fracaso escolar al 24,3%, pero en PISA 2018 había perdido 26 puntos en Lectura, 12 en Matemáticas (no significativos) y 16 en Ciencias. Quizás en su cabeza no vea mayor contradicción, pero es un ejemplo vivo de la modernidad paleolítica de la que hablo en la entrevista. Estos datos no le impiden presentarse como "coautor del nuevo sietema de aprendizaje" impulsado por el Ministerio.
También mentó la memez esa de que es un lugar común que se piense que las generaciones anteriores eran mejores, basada en tres citas (hay miles de ellas que dicen lo contrario), pero nunca preguntándose si tenían razón. Y, al menos en uno, la crítica de Sócrates (si es que la dijo), sabemos que tenía bastante base: la generación criticada perdió el imperio, destruyó la democracia y casi consiguió que arrasaran su ciudad. Las tres citas (podéis encontrarlas en centenares de páginas de internet) lo único que muestran es que, igual que es posible progresar, también es posible empeorar, y que hay que estar vigilantes porque dicho empeoramiento trae consecuencias graves.
La tertulia comienza en el 1:33:43, y están presentes Glòria Marcos, exdiputada autonómica de IU (EU-PV) y perteneciente a CCOO, Vicent Franch, ex-magistrado y profesor de Constitucional en la UV, y Marta Martín, ex-diputada nacional con Ciudadanos, antigua portavoz de Educación de ese partido y actualmente catedrática en la UA. A Marcos no le gustó nada mi entrevista, y contrargumentó soltando los tópicos nunca oídos de la educación elitista y la lista de los reyes godos. También dejó caer que la Logse incorporó a un 30% de alumnos, cuando la realidad es que incorporó a un 5%. Franch fue capaz de nadar entre dos aguas sin mojarse, mientras que Marta Martín defendió el sentido común acertadamente y con bastante gracia, mostrando las contradicciones de su cotertuliana.
Para acabar, os dejo la entrevista en bruto que me hicieron, sin ningún tipo de edición. No porque esté disconforme con el tratamiento que me dieron, más bien al contrario, no tengo queja alguna. Pero hay alguna pregunta que no cupo al final, y puede resultar interesante. Tiene peor sonido y empezamos hablando de cosas técnicas, pero es lo que tengo. Son tan solo siete minutos, espero que os guste.

viernes, 4 de febrero de 2011

Actitudinalmente competentes

Acabo de ver que ha salido el informe español del ICCS 2009. Estudio Internacional de Civismo y Ciudadanía. Debe de llevar algunos días ahí, pero no he visto que nadie se haga eco de él, y tampoco el Ministerio lo ha sacado en su sección de novedades. Es un estudio en el que participan 38 países, de los que 24 han realizado también un módulo europeo. En España participan 3.000 alumnos de 2º de ESO y 2.000 profesores de cerca de 150 centros (más sobre el informe aquí).
No tengo tiempo de leerlo ahora, por lo que lo que viene a continuación es una impresión tras examinar los gráficos del informe. Algún día tendré tiempo en fijarme más en el texto, aunque la experiencia sobre informes del Instituto de Evaluación me dice que los gráficos son mejor guía para saber qué pasa que el texto. Lo que me he encontrado se parece bastante a aquella anécdota de no sé qué famosa que decía que estaba muy interesada en no sé qué escritor, y que cualquier día de estos se leería un libro suyo.
En los resultados globales de conocimiento cívico y ciudadano (p. 139) nos sitúan en la parte media de la tabla de 38 países, en el lugar 22 en concreto, con 505 puntos. Pero de los países que tenemos por debajo los únicos europeos son Grecia, Luxemburgo y Bulgaria, todos los demás son hispanoamericanos, junto a Tailandia e Indonesia. A nuestro nivel se encuentran, eso sí, países de nuestro entorno: Nueva Zelanda, Noruega, Bélgica (parte flamenca), Federación Rusa, Austria y Países Bajos. Por encima se sitúan Finlandia (que, con 576 puntos, vuelve a encabezar un estudio de comparación internacional), Dinamarca, Suecia, Irlanda, Suiza o Italia, junto a Hong Kong, Taipei o Corea del Sur. No me parece descabellado pensar que hay una relación entre la calidad del sistema educativo y sus resultados en esta evaluación.
Como siempre, estamos en la media si metemos a países extraeuropeos que bajan considerablemente la media, pero si cogemos sólo a los europeos probablemente nos encontremos 15 o 20 puntos por debajo de ella. Con respecto a la media general, destacamos en "Saber" y en "Identidades cívicas", estamos en la media en "Sociedades y sistemas cívicos" y en "Participación cívica" y algo peor en "Analizar y razonar" y en "Principios cívicos". Si aplicásemos estos resultados a la media europea, sólo destacaríamos por arriba en "Identidades cívicas", pero por abajo en "Principios cívicos" y en "Analizar y razonar".
Un dato que puede ser preocupante (pág. 141) es que somos, junto a Grecia, Austria y Noruega, donde más diferencia hay entre alumnos nativos e inmigrantes. Lo cual es malo en Matemáticas, pero en cuestiones relacionadas con la convivencia cívica…
Nuestros alumnos tienen una actitudes excelentes: los segundos en apoyar los valores democráticos (el segundo es Chile) y en actitudes hacia la igualdad de género (el primero es Suecia). Menos bien estamos al pedir igualdad de derechos para todos los grupos étnicos o para los inmigrantes, donde quedamos en la media. La actitud peor es hacia nuestro propio país, aunque no crean que ahí destacan el resto de alumnos europeos. Los tres países a los que los alumnos están más orgullosos de pertenecer son la República Dominicana, Colombia y Guatemala, y donde menos en la Bélgica flamenca (les vamos a enviar a la duquesa de Alba para que les dé un par de lecciones...).
Llega el apartado de compromiso y participación: si les preguntamos por participación activa, estamos en el grupo de cola; si les preguntamos por cosas que los alumnos piensan hacer en el futuro, nos elevamos hasta la media.
Los alumnos se examinaron de un módulo sobre la Unión Europea, donde, en conocimientos, no hacemos un papel especialmente brillante, pero tampoco catastrófico. Hay alguna cuestión sorprendente, pero como está muy claro en el informe (págs. 79-95), no voy a comentar más.
Llegamos a la "europeidad": nos sentimos más europeos que casi nadie (terceros tras Italia y Eslovenia, pero si hablamos de participación de los alumnos en actividades o grupos a nivel europeo, o en comunicaciones sobre Europa, ya estamos en el grupo de cola. Con las actitudes con respecto a Europa, sobresaliente en casi todas: segundos en actitudes positivas hacia la igualdad, o hacia la libertad de movimientos dentro de Europa (si es para bien, porque si es para mal somos partidarios de restringirla: es curioso que somos los que más cambiamos de opinión según nos pregunten resaltando los aspectos positivos o negativos), o cuartos en actitudes positivas hacia el aprendizaje de lenguas europeas (pero en conocimientos, los terceros por la cola, sólo después de los países anglófonos).
También estamos en el grupo de cabeza en actitudes positivas hacia las políticas comunes en Europa, hacia la unificación europea, hacia la moneda única, o hacia una mayor ampliación de la UE. Y somos de los primeros en predisposición a votar en las elecciones europeas, casi el 70% está bastante o totalmente seguro de va a votar. Igualito que lo que pasa ahora.
En resumen, buenas actitudes, pocos conocimientos y menos hechos.

martes, 28 de diciembre de 2010

La estupidez del año

[ACTUALIZADO] Los que me conocen saben que la asignatura de Educación para la Ciudadanía ni las de nombre similar me gustan nada. En parte por argumentos bastante repetidos por muchos, en parte por otros bastante menos usados. No voy a entrar en la discusión de fondo porque este no es el tema de este blog, pero en mi opinión es una puerta abierta en la escuela a grupos ideológicamente muy minoritarios para que puedan transformar el dinero de las subvenciones (y aumentarlo) en prosélitos.
Ya he dicho alguna vez que esta Educación para la Ciudadanía no se parece en nada a la que existe en otros países europeos que conozco, y de hecho los métodos y argumentos que el Ministerio ha empleado para desacreditar al movimiento ciudadano que se ha posicionado en contra hubiera sido merecedor de un suspenso en Ciudadanía europea. Hace años publiqué esta pregunta, sacada de la evaluación de competencia ciudadana que se estila en Europa:
3. Un adulto es buen ciudadano si (poner un grado en una escala entre muy importante y nada importante): a) Trabaja mucho. b) Participaría en una protesta pacífica contra una ley que considera injusta.
Creo que es evidente que la opinión (ni el tratamiento) del Ministerio sobre los que se oponen a esta asignatura (creo que exponer argumentos o presentar recursos se puede considerar protesta pacífica) no es la de "buenos ciudadanos". Remarco, para el que no la haya leído bien, que la consideración de "injusta" no es del Gobierno ni de usted ni del que pasaba por allí, sino del ciudadano que protesta. No es una cuestión de si se está de acuerdo con él o no: si considera que una ley es injusta, el buen ciudadano es el que protesta, y el mal ciudadano es el que no lo hace. Punto.
Otra cuestión preocupante y descalificadora para la asignatura tal y como se ha diseñado en España es el análisis de los argumentos que desde la administración se han esgrimido para defenderla. Pero la estupidez máxima la he leído en esta desenfocada noticia que publica El país hoy (desenfocada porque lleva al titular una afirmación falsa, puesto que lo que se reclama es la "preferencia" y no el "monopolio", y se deja lo mollar). Lo que dice el abogado del Estado en su recurso es lo siguiente:
"La concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo".
Repito, por si no lo ha leído bien:
"La concepción filosófica que presupone la democracia es el relativismo".
Así, entrecomillado, aparece en el periódico (el pdf que enlaza la noticia no es tal, sino una imagen de la primera página del recurso) y, salvo que sea una inocentada, es una cita del recurso del abogado del Estado.
A lo mejor soy un poco maniático, pero sólo la indignación que siento ante tamaña barbaridad ha conseguido sacarme del trabajo (últimamente no tengo tiempo de nada) y dedicar unos minutos al blog. Porque el relativismo no es la concepción ideológica de la democracia, sino la de las dictaduras. No hace falta leer a Tucídides ni a Aristóteles para saberlo –o, más recientemente, a Orwell–, sólo el libro de texto de Historia o de Filosofía de 3º de BUP, algo que se presupone necesario para llegar a abogado del Estado, ya que no para ministro.
Son los tiranos los que piensan que la vida y la libertad (las de los demás, claro) son relativas comparadas con su programa ideológico, y son precisamente las democracias las que escriben cosas como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, colección de absolutos donde las haya. Por eso, todos sus artículos comienzan por la palabra "todos" (o "nadie"), salvo el último que empieza por "nada".
Y habrá quien aplauda este recurso con las orejas. Será para tapar que no tiene nada entre ellas.
[ACTUALIZACIÓN] Leído el recurso completo (por hacer las cosas rápido, no me di cuenta de que se podía, tal y como me han comentado amablemente: gracias), he de añadir algunas cosas: la frase que se reproduce es de Kelsen, un conocido y reputado defensor del positivismo. Sigo diciendo lo mismo de tal frase.
Me resulta curioso del recurso que en la primera parte alerte sobre el peligro de relativizar las leyes y el propio Estado (págs. 5 y 7), llegando a decir que la capacidad del individuo de relativizar las leyes pone en peligro el Estado democrático, y luego que sostenga que el relativismo es la base de la democracia.
No estoy acostumbrado a leer recursos, pero me ha llamado la atención la acumulación de falacias
en este, probablemente habituales entre los abogadillos de medio pelo, pero que uno espera ausentes en un recurso de la abogacía del Estado. Los habituales son los de la falsa vivencia y los del argumentum ad consequentiam en la argumentación general. Me resulta también curioso que se justifique la bondad de los decretos en cuestión basándose en lo que la LOE dice pretender y no en lo que en realidad hace. También sigo viendo una contradicción lógica en justificar el relativismo con un argumento de autoridad. Y el argumento de que no cuentan con la menor me parece de trilero, aunque puedo estar equivocado.
La frase en que se basa el recurso no es la de Kelsen, sino la siguiente, que no había visto:
"La dignidad de la persona o los derechos inviolables de la persona –es evidente– no son objetos de la experiencia sensible sino creencias generalmente compartidas para las que se postula un fundamento moral" (pág. 18).
Con este presupuesto, lo que pone a continuación no sorprende demasiado: la falsa contraposición entre la moral general que defienden aquellos con creencias religiosas y los que no la tienen es también una falacia: se puede defender una moral general desde diversos puntos de vista sin recurrir a las creencias religiosas y sin recurrir a las que este hombre cita en el recurso (deontológica, cognotivista, emotivista), morales todas ellas de muy corto alcance y que no pueden fundamentar el Estado de derecho.
El fundamento de nuestro Estado de derecho es el axioma, no la simple creencia, de que el hombre es un absoluto, y si para justificar Educación para la Ciudadanía tienes que saltarte tal cuestión, pues ya lo has dicho todo.