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jueves, 2 de diciembre de 2021

Debate sobre la utilidad de la repetición, en el Consejo Escolar de la Región de Murcia

He mantenido un agradable debate, en el marco de una iniciativa del CERM denominada "Los debates del Consejo Escolar", bajo el título de "¿Es útil la repetición?". Ambos ponentes (Juan Manuel Moreno Olmedilla, profesor de la UNED, aunque ha trabajado durante muchos años en el Banco Mundial, era mi colega) coincidimos en que la repetición era una institución cara y poco eficiente en la actualidad, aunque estuvimos menos de acuerdo en cómo acabar con ella.
En mi opinión, la repetición comenzó a perder sentido con la implantación de la Logse, pues a partir de dicha ley se transformó en el principal elemento de discriminación del sistema. Sin embargo, a partir de entonces se convirtió en el testigo de que algo no estábamos haciendo bien con el sistema educativo: la repetición se había vuelto disfuncional, pero porque encarnaba las disfuncionalidades de la gestión del sistema. Por ello, me parece que intentar reducirla como lo está planteando el Ministerio es un error, pues sólo maquillará la disfuncionalidad del sistema al eliminar a un testigo, pero no corregirá lo que está mal, que es mucho. Me inclino, más bien, por actualizar el currículo de Primaria y establecer refuerzos durante esa etapa, en vez de facilitar el tránsito sin que los alumnos estén preparados para afrontar con garantías la ESO.
Aquí les dejo el vídeo del debate, que dura más de dos horas, pero lo cierto es que con un formato muy ágil y con muchas preguntas del público. El debate propiamente dicho comienza en 29'24" y acaba 1:23'40", dando lugar a las intervenciones del público.


En el curso de la preparación del debate me topé con unos datos interesantes que no puedo por menos que mostrar aquí. El primer gráfico lo empleé en el debate, mientras que el segundo no, ya que me parecía que era un tema tangencial a lo que allí se discutía. El primero, que pueden ver a continuación (click para ampliar) muestra la evolución del porcentaje de alumnos que promocionan en 6º de Primaria y 1º y 4º de la ESO (estos dos último muestran también los que promocionan sin asignaturas pendientes). Lo que se ve es que nuestro sistema educativo ha mejorado las tasas de promoción en 6º de Primaria (en realidad, en todos los cursos de Primaria, pero no cabían) y en los tres primeros cursos de ESO (aquí represento sólo 1º), mientras que en 4º la evolución es algo más errática. Por supuesto, toda esta mejora en la promoción no ha venido avalada por una mejora de la calidad, como muestra nuestro estancamiento en PISA. La fuente de los datos es la estadística del Ministerio de Educación. Enseñanzas no universitarias. Alumnado. Resultados académicos. Series. Porcentaje de alumnado que promociona de curso por enseñanza.
Uno de los aspectos más importantes de este gráfico es la diferencia de porcentajes de promoción entre 6º de Primaria y 1º de ESO. Tal y como yo lo veo, un sistema eficiente no puede tener unos saltos tan importantes en el nivel de exigencia, y que eso ocurra indica que los alumnos que propocionan en 6º de Primaria no están preparados para enfrentarse a la ESO con garantías. Como indico en el debate, esa es la principal fuente de desigualdad y fracaso en el sistema educativo español, aunque rara vez se aborde.
Pero lo que más me interesa hoy es lo ocurrido el último año en todos los cursos, mejoras de dos o tres puntos en Primaria y de cinco o seis en la ESO, una aceleración asombrosa si pensamos que no ha sido el resultado de ninguna norma de carácter nacional (que aún no se ha publicado) ni, que yo sepa, de otras instrucciones oficiales, aunque sí de las instrucciones de la pandemia. Aún no tenemos forma de comprobarlo, pues PISA sale a finales de 2023 y no tenemos otra evaluación pública para verificarlo, pero mucho me extrañaría que dicha mejora en los porcentajes fuera resultado de una mejora real en el conocimiento de los alumnos. Como se puede ver en el gráfico siguiente, esa mejora ha existido en prácticamente todas las comunidades.
Salvo el caso de Melilla (y sólo en los que promocionan sin pendientes), todas las comunidades han mejorado sustancialmente los porcentajes de promoción en 1º de la ESO (que es el ejemplo que traigo, aunque es similar en otros cursos, como pueden comprobar en el enlace a las estadísticas del Ministerio) sin ninguna razón aparente. En la promoción (en verde), se han mejorado desde los dos puntos del País Vasco a los quince de Ceuta. En la promoción sin pendientes (naranja), la mejora es de casi el doble (ocho puntos de media) que van desde los 3,5 puntos de la comunidad Valenciana a los 12,7 de Cantabria. El fracaso escolar en 4º de la ESO, aunque deje el análisis para otro momento, ha descendido de forma paralela en ese curso. De estos datos, me preocupa por un lado haber tomado un camino en el descenso de la exigencia que no tiene fin, y por otro que se están desincentivando a los centros que habían optado por mantener estándares de calidad algo superiores a la media. Ya veremos si, cuando pase la situación de excepcionalidad, se continúa con esta tendencia, y sufriremos las consecuencias en posteriores evaluaciones.

jueves, 18 de noviembre de 2021

Me entrevistan en A la Ventura

Han tenido a bien entrevistarme en el programa "A la Ventura", en À punt, la televisión autonómica valenciana. No he sido capaz de colgar el vídeo como Dios manda, y por tanto sólo puedo poneros el enlace al programa completo, que dura dos horas. Aparezco entre el 1:22:26 y el 1:26:00, en diferido, porque tenía una reunión a la hora del programa.
Justo después ha intervenido Miguel Soler, secretario autonómico de Educación, que ha despachado mi intervención con dos lugares comunes y ha pasado a otra cosa. Lo conozco desde hace bastantes años, y entonces parecía que sabía algo más. Pero bueno, el mismo se califica al pretender que, cuando uno critica al sistema educativo y a los políticos que lo gestionan, se está metiendo nada menos que con los alumnos, los padres y los profesores. Es una táctica que he visto en otros políticos inútiles, pero de este esperaba algo más. En fin, llegó a su cargo actual en 2015, donde se encontró con una tasa de fracaso escolar en la Comunidad Valenciana del 30,7% y unos resultados en PISA de 499 puntos en Lectura, 485 en Matemáticas y 494 en Ciencias; en 2019 se había reducido el fracaso escolar al 24,3%, pero en PISA 2018 había perdido 26 puntos en Lectura, 12 en Matemáticas (no significativos) y 16 en Ciencias. Quizás en su cabeza no vea mayor contradicción, pero es un ejemplo vivo de la modernidad paleolítica de la que hablo en la entrevista. Estos datos no le impiden presentarse como "coautor del nuevo sietema de aprendizaje" impulsado por el Ministerio.
También mentó la memez esa de que es un lugar común que se piense que las generaciones anteriores eran mejores, basada en tres citas (hay miles de ellas que dicen lo contrario), pero nunca preguntándose si tenían razón. Y, al menos en uno, la crítica de Sócrates (si es que la dijo), sabemos que tenía bastante base: la generación criticada perdió el imperio, destruyó la democracia y casi consiguió que arrasaran su ciudad. Las tres citas (podéis encontrarlas en centenares de páginas de internet) lo único que muestran es que, igual que es posible progresar, también es posible empeorar, y que hay que estar vigilantes porque dicho empeoramiento trae consecuencias graves.
La tertulia comienza en el 1:33:43, y están presentes Glòria Marcos, exdiputada autonómica de IU (EU-PV) y perteneciente a CCOO, Vicent Franch, ex-magistrado y profesor de Constitucional en la UV, y Marta Martín, ex-diputada nacional con Ciudadanos, antigua portavoz de Educación de ese partido y actualmente catedrática en la UA. A Marcos no le gustó nada mi entrevista, y contrargumentó soltando los tópicos nunca oídos de la educación elitista y la lista de los reyes godos. También dejó caer que la Logse incorporó a un 30% de alumnos, cuando la realidad es que incorporó a un 5%. Franch fue capaz de nadar entre dos aguas sin mojarse, mientras que Marta Martín defendió el sentido común acertadamente y con bastante gracia, mostrando las contradicciones de su cotertuliana.
Para acabar, os dejo la entrevista en bruto que me hicieron, sin ningún tipo de edición. No porque esté disconforme con el tratamiento que me dieron, más bien al contrario, no tengo queja alguna. Pero hay alguna pregunta que no cupo al final, y puede resultar interesante. Tiene peor sonido y empezamos hablando de cosas técnicas, pero es lo que tengo. Son tan solo siete minutos, espero que os guste.

martes, 6 de diciembre de 2016

Inger Enkvist me hace una entrevista

Después de que yo le hiciera unas cuantas cuando era periodista y de mantener durante todos estos años una estimulante amistad, Inger Enkvist ha tenido a bien hacerme ella una entrevista para un medio sueco. El texto, de hace unos meses, no fue al final publicado (en todas partes cuecen habas) a pesar de hacer algunas modificaciones y reducciones. Se habla bastante sobre PISA, por ello creo que es buen momento publicarla el día que conocemos los resultados, pero tengan en cuenta que se hizo varios meses antes. Les dejo la entrevista completa:
1. Trabajas sobre las estadísticas educativas. ¿Qué importancia tienen para entender lo que pasa en el mundo educativo?
Mi trabajo se centra en dos aspectos. Por un lado la estadística de la educación recoge los datos agrupados de los alumnos, formando los indicadores de la educación, lo que permite conocer la marcha general del sistema educativo, pero no por qué se comporta así. Por otro, los “microdatos” –es decir, los datos persona a persona que provienen de distintas fuentes, normalmente encuestas de distintos orígenes y evaluaciones nacionales e internacionales (como PISA), y que permiten análisis complejos que pueden apuntar a las causas de lo que ocurre en el sistema educativo.
Las principales dificultades de este trabajo se centran, aparte de la falta de transparencia, en la calidad y los sesgos de los datos, dificultades creadas en el origen, es decir, en las cercanías del poder y de los grupos de presión. Siempre dicen que los analistas de datos vamos a mirar donde hay luz, es decir, donde hay datos disponibles, pero también nos hacemos muchas preguntas sobre las zonas de oscuridad que no podemos contestar, y a menudo esa zona de oscuridad tiene un interés detrás. Una evaluación tan conocida como PISA, a cargo de la OCDE, no es ajena a estas oscuridades creadas por visiones ideológicas o presiones de grupos de interés.
2. ¿Ves algún sesgo, algún criterio no propiamente educativo, en los informes PISA?
Para empezar, PISA me parece una idea magnífica, un logro de la ciencia y la técnica contemporánea que no sé si se valora como debiera. Desde hace unos años están surgiendo críticas técnicas a PISA, pero –es algo que he investigado en profundidad–, aunque es mejorable en cuestiones de detalle, no comparto las enmiendas a la totalidad que intentan descalificar el estudio.
Dicho esto, creo que PISA es un intento de comprender la educación demasiado desde fuera de la educación, demasiado centrado en los puntos de vista económicos y sociológicos, en vez de en los intelectuales y educativos. En la OCDE se han juntado los dos antiintelectualismos más peligrosos para la educación: el de izquierdas, de tendencia constructivista, y el de derechas, de tendencia economicista. No es un problema sólo de la OCDE (suelen colaborar en otros sitios: uno de sus hijos más notables es el Plan Bolonia de reforma universitaria), pues en numerosos países e instituciones los sectores de corte intelectualista, que los hay en ambas ideologías, no han sido capaces de contrarrestar estas tendencias dentro de sus propios partidos, y cada vez tienen menos presencia en el debate público. Por si fuera poco, la OCDE es sensible a la presión de grandes grupos organizados, que han sido capaces de frenar algunas de las reformas de PISA más próximas a la educación.
Pero, ¿todo esto en qué se traduce? Por ejemplo, cualquier persona podría escribir cuatro o cinco folios sobre la vida cotidiana de cualquier alumno examinado en PISA, pero de su profesor de matemáticas no sabría si es hombre o mujer, ni cualquier otra información más relevante. Esto no es casual: lo que subyace es la concepción educativa de la OCDE, y además, cuando se intentó conectar el estudio de profesores con los resultados de sus alumnos, la presión sindical retrasó y descafeinó el proyecto. Tampoco parece haber demasiado interés en conectar los resultados de PISA con lo que en realidad el alumnos hace y recibe en la escuela. Aunque sabemos mucho de su utilización del tiempo y de su contexto familiar, apenas sabemos nada sobre cuestiones tan cotidianas en la escuela como las notas del alumno en la asignatura evaluada (parece que se va a preguntar, por fin, en 2015), cuáles son los contenidos efectivos que el alumno ha estudiado en clase (se introducen algunas preguntas genéricas, pero debería analizarse en profundidad), por poner algunos ejemplos. Lo que significa para un investigador es que tiene un enorme campo de variables “extraescolares” para analizar, pero no puede contestar a preguntas tan simples (y, en mi opinión, relevantes) como dónde establece el sistema el sobresaliente o qué influencia tiene lo que un alumno aprende en clase en los resultados de PISA.
Y no sólo tiene consecuencias para los investigadores, sino para los sistemas y, por tanto, para los alumnos. Víctima de su propia limitación ideológica, la propia OCDE por una parte extiende su visión sesgada a los responsables educativos del mundo y, por otra, falla a la hora de establecer las recomendaciones para mejorar los sistemas.
En España tenemos dos ejemplos de ello. El primero, la OCDE hizo un informe (y lo cobró extraordinariamente bien) en 2009 para mejorar el sistema educativo de las Islas Canarias, la región española con peores resultados en PISA. Tras recabar miles de datos, resulta que no miraron el currículo efectivo –el contenido real– que recibe un alumno a lo largo de su escolarización, y por tanto, las recomendaciones que hicieron en ese sentido fueron referencias bastante vacuas a la “calidad de la enseñanza”. El resultado previsible es que Canarias no mejorará en PISA 2015.
El segundo, una irresponsable política nos vendió por un plato de lentejas y estableció en España, de la mano de la OCDE, un currículo basado en competencias y que se está mostrando peor que el establecido anteriormente (que ya era pésimo). El resultado es que España se ha convertido en el conejillo de indias de la OCDE, que ha decidido (sin prueba alguna) que como se puede medir el nivel de los alumnos midiendo las competencias, sería buena idea enseñar por competencias directamente para mejorar el nivel de los alumnos (un ejemplo más de la ideología antiintelectual de esta organización). Un resultado derivado es que España ha perdido una nueva oportunidad de establecer un currículo con contenidos bien estructurados y con altas expectativas, lo que habría elevado el nivel general, reducido el fracaso, promocionado la excelencia y reducido las diferencias entre las distintas regiones.
3. ¿Cuál fue el resultado de la introducción de la Logse en 1990?
España venía de un periodo de expansión educativa, iniciado tras la guerra civil (1936-1939) y que se mantuvo, sin cambios importantes en su evolución, durante más de 50 años. En los años 70 se hicieron reformas e inversiones importantes que permitieron que continuase la expansión de la educación al inicio del periodo democrático, manteniéndose una evolución que nos situó en la segunda mejora de indicadores educativos más importante del mundo, tras Corea del Sur. En 1990 estábamos a punto de cerrar una brecha educativa que aún nos separaba de Europa.
Pero, en 1990, se implantó la Logse, un sistema copiado del “modelo nórdico” –básicamente el sueco con algunos añadidos del danés; absolutamente nada del modelo finés, que entonces tenía poco glamour–, un sistema que acabó con esa evolución histórica, afectó de forma catastrófica a la igualdad de oportunidades, frenando un sistema educativo que, hasta ese momento, había funcionado como el “ascensor social” por excelencia de la educación española. No voy a describir la Logse porque es muy similar al modelo educativo sueco, y lo conocen muy bien: es el que ha conseguido que su país pase de ser la envidia de Europa en educación a estar por debajo de España y otros países del sur en las evaluaciones internacionales.
Sólo decir que sus lacras principales fueron el constructivismo, el igualitarismo y el antiintelectualismo. Su efecto principal fue el hundimiento de los contenidos, lo que detuvo la mejora de las tasas de titulación y escolarización, el aumento de la desigualdad, y multitud de problemas accesorios. A lo que hay que añadir que, al primar los contenidos ideológicos en la ley, las soluciones técnicas fueron especialmente incompetentes. Otra cosa común, en España y en Suecia, es la falta de atención a los datos que anunciaban la mala dirección del sistema educativo.
4. Desde tu perspectiva, ¿cuáles son actualmente las principales diferencias entre la educación en Finlandia y en Suecia?
Curiosamente, Suecia y Finlandia son los países que más han descendido en su puntuación de Matemáticas entre PISA 2003 y PISA 2012. Suecia ha perdido 35 puntos y Finlandia 33, lo que supone casi un curso. La diferencia fundamental es que el sistema finés ha pasado de ser uno de los mejores del mundo a la cabeza de los mediocres, mientras que el sistema sueco ha pasado de la mediocridad a ser el penúltimo país de Europa Occidental (sólo Grecia está por debajo). Cada país ha llegado a esta situación por caminos distintos en tiempos distintos, pero cometiendo los mismos errores.
Suecia fue la envidia de Europa durante los 50 y 60, cuando comenzaron una serie de reformas, basadas en el constructivismo y en el desprecio a los contenidos, que han hundido paulatinamente su calidad desde entonces. Ha sido la sorprendente falta de reacción ante esta pérdida de calidad la que ha situado al sistema educativo de su país a la cola de Europa tras cuarenta años de inacción. España, por cierto, copió no lo que hizo a Suecia estar arriba, sino lo que hizo para bajar.
La historia de Finlandia es la del país que se resistió a los cambios que lideró Suecia y que se extendieron por toda Europa durante veinticinco años, acabando con su liderazgo educativo. Y, muy importante, extendieron a toda la población el currículo más fuerte (el que conducía a la universidad), en vez del débil, como en el resto de Europa. No es que el sistema finés fuera extraordinario en aquella época, pero al seguir evolucionando dentro de los parámetros que los demás habían abandonado, se quedaron como un testigo de lo que hubiera sido la enseñanza europea sin los cambios que acabaron con la caída de la calidad de sus sistemas educativos. El problema fue que, cuando empezó PISA, no supieron a qué venía su éxito (ni la OCDE, ni los responsables políticos ni educativos fineses que leí o consulté en la época lo sabían), y ese éxito se lo apropiaron los pedagogos fineses para aplicar las reformas que habían hundido a la educación sueca. El currículo de matemáticas que aplicaron los fineses en 2004 había sufrido ya la “poda pedagógica”, en la que se había eliminado aquellos saberes superfluos que los alumnos no iban a necesitar, y el resultado fue el descenso de un curso en lo que sabían los alumnos fineses a los 15 años, alumnos que empiezan a tener problemas con el cálculo, como los del resto de Europa. En España, de nuevo, tienen mucho impacto las medidas que está tomando Finlandia para reducir la calidad del sistema, pero no tienen ninguna las que tomó para mantenerla.
¿Cambiarán su deriva o, como los suecos, se dejarán mecer por los cantos de sirena obviando los datos? Es difícil asegurarlo, pero como de momento la debacle afectará principalmente a las matemáticas, se convencerán de que siguen en el buen camino y no harán caso a los expertos en matemáticas que ya están avisando. No sé si se dan cuenta de que las matemáticas son sólo el primer aviso, y que luego va todo lo demás.
5. ¿Cómo anda la formación de docentes en España? ¿Tienes datos?
Hace unos años Juan Carlos Rodríguez y yo publicamos un estudio en el Instituto de Evaluación sobre capacidad docente en Matemáticas de los alumnos de último año de las escuelas de Magisterio, basándonos en los datos de una evaluación internacional, TEDS-M. Entre otros hallazgos interesantes, veíamos que los conocimientos de matemáticas de los alumnos de Magisterio –y, por tanto, su capacidad didáctica– dependían no de lo estudiado en la carrera, sino de lo que habían adquirido en sus estudios previos, principalmente en el Bachillerato.
Esta cuestión apenas ha sido valorada, pero, ¿imagina usted lo que pasaría si la capacidad de un médico o de un ingeniero para curar a sus pacientes o para que los puentes no se le caigan dependiera no de lo que han estudiado en la carrera, sino de su nivel de Bachillerato? Nuestro estudio establece que existe una relación entre lo que un profesor sabe y su capacidad de enseñarlo, pero esto es algo que se obvia por completo en las escuelas de Magisterio, de tal manera que sólo el 6,6% de los créditos necesarios para obtener el título tienen contenido de Matemáticas, y sólo el 0,2% tienen un contenido de Matemáticas de nivel universitario. Y, por otro lado, los créditos dedicados a la didáctica general o a la didáctica específica de las Matemáticas apenas influían en la capacidad docente de os futuros maestros.
En definitiva, la formación de los maestros en España es, en general, muy pobre, y los datos apuntaban –aunque no demostraban a que si se eliminaran estas escuelas la calidad del sistema educativo no se vería menoscabada. A esto hay que añadir que las facultades que forman a los maestros son las que menos nota de ingreso tienen (es decir, recogen a los alumnos más mediocres), pero son la que más nota media obtienen al finalizar la carrera (es decir, son las que tienen un menor nivel de exigencia).
Esto en lo que se refiere a los maestros. Los profesores siguen otro camino: hacen primero una carrera universitaria y luego un curso (ahora un máster) los habilita para la docencia en Secundaria. Este máster tiene un alto contenido de métodos pedagógicos “modernos”, en su mayoría sin el menor aval científico, y que sospecho que no contribuye precisamente a mejorar su capacidad docente. Si a eso añadimos que el sistema –debido probablemente a la inexistencia de una carrera docente y a la situación de la escuela no atrae a los mejores alumnos, y que la formación continua del profesorado es manifiestamente mejorable, podemos concluir que la formación docente en España es pobre. Sin embargo, sobre estos puntos apenas hay datos, y no parece haber un plan para aprovechar los exámenes externos de los alumnos para evaluar a los profesores y, a través de ellos, a los centros donde se han formado.
6. Según tú, ¿cómo se debería mejorar la formación docente en España?
En España, en Iberoamérica y, en general, en cualquier país, la formación de los maestros generalistas debería primar los contenidos referidos a los conocimientos sobre los pedagógicos. Esos contenidos generales deberían tener nivel universitario: un maestro debería saber de Historia o Matemáticas al menos lo mismo que un alumno de segundo curso de la carrera de Historia o Matemáticas. Además, tendrían que acabar la carrera siendo lectores competentes y personas cultas, si no venían así al entrar en ella.
Los contenidos pedagógicos, comunes para maestros generalistas y profesores especialistas, deben tener una parte filosófica –centrada en el humanismo, no en teorías reduccionistas o muy ideologizadas, otra psicológica y otra, más práctica, basada en lo posible en evidencias científicas. En este punto, convendría que los futuros docentes tuvieran una base de conocimientos de metodología experimental para ser capaces de entender los experimentos de los demás y realizar algunos propios para transformas las experiencias validadas por el método científico en conocimientos comunes.
7. ¿Qué ha significado el dividir a España en 17 autonomías para los costos y para los resultados?
Aunque son varios los partidos que piensan así, yo no creo que el problema de la educación española haya sido la descentralización, sino que esta se hizo mal (fue una de las incompetencias manifiestas de la Logse). Primero, porque no fue una descentralización real, sino una multiplicación de la centralización: cada región se convirtió en un centro con todas las competencias del Ministerio, sin ceder ninguna a los escalones inferiores (municipios, centros, sociedad); y segundo por que se fue muy estricto en lo accesorio y muy flexible en lo importante: se fue muy estricto en trasladar el espíritu de la Logse y todos sus problemas, pero muy flexible en los currículos [o contenidos, como prefieras] y en el control de los resultados de cada región. Era la Logse la que tenía el germen de la desigualdad, y al descentralizarse sin control, la desigualdad entre regiones ha aumentado exponencialmente en muy pocos años. Hoy hay más diferencias entre las regiones españolas que entre los países europeos.
Sobre los costos, es cierto que el gasto en educación creció considerablemente tras la descentralización (el gasto bruto se duplicó en unos años, un crecimiento del 35% si quitamos la inflación), pero ese aumento fue directamente a gastos de personal (más profesores y mejores sueldos) gracias a que la buena gestión de los sindicatos –y la mala de los responsables políticos– consiguió transformar el aumento de ingreso público generado por la buena marcha de la economía en subidas lineales y generalizadas de sueldos. El efecto del aumento de ese gasto fue nulo en cuanto a la mejora de los resultados.
En resumen, pienso que el que el gasto se disparase con las autonomías y creciese la desigualdad tienen su causa en una mala ley y una mala gestión, no en la descentralización en sí. Y habríamos tenido problemas similares sin transferir la educación. También es cierto que al hacerse mal se han creado problemas políticos graves, que han dado lugar, por ejemplo, a que en algunas regiones de España se estudie el español como una lengua extranjera. Esto ocurre, sí, por una descentralización mal hecha y al abuso de los políticos locales, pero también a la inacción del Ministerio, que prefirió renunciar a proteger el interés general por conveniencias políticas, estando informado en todo momento de lo que estaba ocurriendo.
8. ¿Cómo les va a los inmigrantes en el sistema escolar español?
En España, en muy pocos años (poco más de un lustro), pasó de tener una inmigración residual a que una de cada ocho personas hubiera nacido fuera de España. Buena parte de los inmigrantes vinieron acompañados de sus familias, y al proceder de sistemas educativos de baja calidad (Hispanoamérica, Norte de África y Este de Europa, principalmente), tenían, en general, un nivel más bajo que los españoles de su misma edad.
El sistema educativo funcionó razonablemente bien en cuanto a la escolarización e integración de los inmigrantes en edad escolar, lo que a menudo no fue una tarea sencilla, dado el volumen y disparidad de los nuevos alumnos y a que venían en cualquier momento del año.
Sin embargo, de cara a los resultados de esos alumnos y a la igualdad de oportunidades, el sistema respondió realmente mal, debido a que la propia Logse se distinguía por transformar las desventajas de los alumnos en obstáculos insalvables. El sistema no discriminaba a los inmigrantes por el hecho de serlo, discriminaba a aquellos que tenían desventajas familiares, y los inmigrantes a menudo entraban dentro de esa categoría. Pero antes de los inmigrantes el sistema no daba una salida digna a uno de cada tres españoles, con preferencia a aquellos que tenían un origen social más bajo.
El problema no acaba aquí: uno de cada cinco niños que han nacido en España en los últimos años tiene madre nacida fuera de España, es decir, son lo que PISA denomina como “inmigrantes de segunda generación”. La desigualdad y los mecanismos que la producen es uno de mis principales objetos de estudio, y los mecanismos de discriminación son demasiado complejos para explicarlos aquí, pero existen. A riesgo de parecer una Casandra, si seguimos con un sistema que amplifica las desigualdades y falla en la igualdad de oportunidades, dentro de unos años tendremos problemas sociales graves en España.
9. ¿Qué papel ha jugado PISA en la comprensión de los ciudadanos de cómo va el sistema español?
Pues ha tenido unos indudables efectos positivos, dada la falta de transparencia del sistema educativo español. Hay que tener en cuenta que la simple publicación de datos por regiones causaba en España un escándalo político, por lo que los datos de las evaluaciones que hacía el Ministerio se mantenían bajo llave: la consecuencia era que el Ministerio hacía análisis someros de esos datos para evitar problemas políticos, mientras los problemas reales del sistema educativo permanecían orillados. El que PISA ponga los datos a disposición de todos ha sido un soplo de aire fresco y una oportunidad para investigar esos problemas. El que esa oportunidad apenas haya sido aprovechada y aún sigamos sin un diagnóstico claro del origen de los problemas no es achacable a PISA, sino a causas internas.
Pero también los ha tenido negativos, achacables al trasfondo ideológico de la OCDE: el que PISA no termine de aclarar qué significa el término calidad, su concepto economicista de equidad, la selección de preguntas de los cuestionarios de PISA, o la insistencia desmedida en los índices socioeconómicos han dado argumentos a los políticos para defender un sistema indefendible, alejando el foco de los problemas reales, y han retrasado o imposibilitado el diagnóstico de los problemas del propio sistema educativo.
Por poner un ejemplo, la idea de equidad en PISA es en realidad el de la dispersión de resultados, que es un concepto económico: si hablamos de riqueza puede tener sentido, puesto que el que alguien tenga una determinada riqueza implica que otro esté privado de ella; pero el que uno tenga un conocimiento no implica que otro no lo tenga, es más bien al contrario. Sus consecuencias prácticas en España han sido que se ha puesto el foco en que somos un “sistema equitativo”, cuando nuestra equidad es suicida: toda ella se basa en que no tenemos excelencia, pero si analizamos sólo los alumnos con malos resultados, tenemos los mismos que cualquier otro país de Europa. Con el añadido de que esa desventaja es transformada por nuestro sistema en fracaso escolar y exclusión del sistema educativo, discriminación que se ceba con los alumnos de origen social bajo e inmigrantes.
10. ¿España está en el buen camino en educación?
No, eso está claro para cualquiera que lo quiera ver. Como ya he dicho, estamos estancados por debajo del nivel al que podríamos esperar, pero en poco tiempo comenzaremos a descender, mientras que la falta de igualdad de oportunidades del sistema comenzará a actuar y a crear problemas sociales graves. Ninguna de las leyes educativas posteriores a la Logse ha partido de un diagnóstico correcto, y por ello no ha logrado atajar los problemas. La última que ha entrado en vigor vuelve a no enfocar los problemas correctamente y falla estrepitosamente en las soluciones técnicas. Además, ha impuesto un currículo, dictado por la OCDE y basado en competencias, que es aún peor que el que existía, es más profundamente antiintelectual. La única ventaja que tiene es que ha dado lugar a un sistema de evaluación y control mejor que el anterior y, si se lleva a término, puede poner las bases para un diagnóstico certero de nuestro problemas educativos.
Ahora el tema de moda en España es el “pacto educativo”. Sin embargo, el riesgo de ese pacto es que, al carecer de un diagnóstico claro, no aborde los problemas, sino que fije los mecanismos que los crean y, por otro lado, que proteja los intereses de los “insiders” (políticos, sindicatos, patronales) y se olvide, de nuevo, de los verdaderos beneficiarios de la educación: el futuro de los alumnos y las esperanzas de sus familias.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Nivel socioeconómico, nivel de rendimiento y el sistema educativo como tratamiento

Desde hace al menos cincuenta años se sabe que el rendimiento escolar está influido por el entorno familiar del alumno. Influido, que no determinado -si no, no se explicaría cómo en el mundo desarrollado millones de personas hayan sido, durante los últimos sesenta años, los primeros de su familia en pisar una universidad-, y la forma y el tamaño del efecto están a su vez mediatizado por otros contextos: el escolar, que es capaz de modular esta influencia, al menos hasta cierto punto, y el social.
La forma de medir las variables familiares que influyen en el rendimiento escolar y la fuerza de esa influencia siguen siendo objeto de cierta discusión. Lo que voy a explicar a continuación es cómo lo hace PISA y los resultados que obtiene. PISA construye un índice socioeconómico y cultural a partir de multitud de datos del entorno familiar en que vive el alumno: básicamente está formado por el índice de estatus laboral más alto de ambos padres, el nivel educativo más alto de ambos progenitores medido en años, además de un índice de posesiones en el hogar que intenta agrupar el poder adquisitivo de la familia, sus posesiones culturales, los recursos educativos que el alumno tiene a su disposición y el número de libros que hay en casa. Todo ello se agrupa, por diversos procedimientos matemáticos que no vienen al caso, en una sola escala con una media cero y una desviación típica de uno para la OCDE, y que se distribuye según la famosa campana de Gauss.
Este índice es el que los técnicos de PISA han encontrado que tiene una mayor influencia en el rendimiento, y tiene la ventaja de que utiliza una misma escala para todos los países. Eso no quiere decir, por supuesto, que sea el que más influye en todos los países -es España, por ejemplo, parecen pesar más los libros que el alumno tiene en casa-, ni afecta en todos los sitios igual: la media de la OCDE está cercana al 15% (datos de PISA 2012 para la escala de Matemáticas), aunque en la mayoría de los países oscilan entre un 8 y un 20%. Ese porcentaje es el de "la varianza en el rendimiento explicada por el ISEC", lo que significa que de la variación total que encontramos en el rendimiento de los alumnos, su origen socioeconómico es capaz de explicar el 15%, mientras que el 85% restante obedece a otras causas: la inteligencia del alumno, el que hayan tenidos mejores o peores profesores, lo que se hayan esforzado en estudiar, la calidad del centro, los compañeros que le rodean, si les dolía o no la cabeza el día del examen... A esto me refería cuando decía que el ISEC no determina, pero sí que influye.
Como hemos dicho, la influencia del ISEC es distinta en cada país: entre el 2% de Macao (China) o el 6% de Qatar, hasta el 23% de Perú o el 25% de la República Eslovaca hay mucha diferencia. En España estamos en un 16% -como siempre, alrededor de la media-, los países nórdicos entre un 7 y un 11%, y en los grandes países de Europa Occidental el Reino Unido obtiene un 12%, Alemania un 17% y Francia un 22%. Pueden ver la tabla completa en este documento de excel, tabla II.2.1. Lo que quieren decir estas diferencias es que aunque el ISEC influye en el rendimiento de los alumnos en todos los países, la medida en que lo haga está mediatizado por factores sociales del propio país como, y esta es la parte que me interesa, por el sistema educativo de cada país.
El sistema educativo de cada país es el marco donde los agentes -alumnos, profesores, padres, técnicos, políticos- toman sus decisiones, y está compuesto no sólo por las leyes que lo dan forma, sino por una amalgama de costumbres, aspiraciones, sistemas de acceso y un millón de otras cosas que podrían convertirse en una enumeración borgiana, y que a su vez tiene su origen en otras causas históricas, sociales y políticas que tampoco voy a tratar de enumerar. Lo que me interesa es que todo ese conjunto que llamamos sistema educativo al final es capaz de modular, en un sentido u otro, la influencia del ISEC. Se puede decir que el sistema educativo funciona como un tratamiento, tanto a la hora de obtener los resultados de los alumnos como a la de modular la influencia del ISEC en el rendimiento (o como lo que se le ocurra que pueda afectar a estas y otras variables). La idea -teórica- de tratamiento es que tienes n grupos de personas de características similares y les sometes a distintas condiciones y luego mides los resultados. En medicina, tienes dos grupos de enfermos y a unos les das antibióticos y a otros un placebo, y luego miras quién se ha curado y quién no. En educación las cosas son más complicadas, claro, pero la idea subyacente es que tienes grupos de alumnos más o menos similares que son sometidos a distintos "tratamientos" (formas de organizar el currículo y de impartirlo, y otras muchas cosas, que dependen del dinero, profesores, compañeros, políticos...) o sistemas educativos, y luego medimos los resultados (en este caso, el rendimiento en Matemáticas y sus diferencias según el ISEC).
Todo esto viene por un gráfico que salió hace tiempo en el Huffington Post americano, y que enlazo en español. Quitando el titular (no es la riqueza, que pesa muy poco en el cálculo del ISEC global), el gráfico es perfectamente correcto. De hecho, lo hizo Pablo Zoido, un analista de la OCDE. Si lo miran con cierta atención, verán que dividen a los estudiantes de cada país en diez partes según su ISEC, y luego miden el rendimiento medio de cada uno de los grupos. Lo que permite ver este gráfico es que hay "tratamientos" (sistemas educativos) que consiguen reducir el efecto del ISEC y otros ampliarlo, pero que ninguno ha encontrado la fórmula de que desaparezca por completo (aunque Macao queda muy cerca de conseguirlo). También que hay países que parecen privilegiar a sus élites (Portugal, Turquía, Rumanía o los países sudamericanos), mientras que otros tienden a hundir al último grupo social (Austria, Eslovaquia, Hungría, Francia, Liechtenstein o Shanghai, por ejemplo). También los hay que lo hacen especialmente bien con el último grupo, o especialmente mal con el primero.
Ahora bien, ¿podemos saber si los malos resultados de países como los iberoamericanos u otros muchos se deben a que el sistema educativo es malo o a la pobreza de sus poblaciones? Pues el gráfico no lo permite.
El problema de este gráfico es que no podemos decir más, porque los grupos dejan de ser homogéneos entre países. El 10% más pobre (o más rico) de un país sudamericano no tiene nada que ver con el 10% más pobre de un país europeo. E, incluso, las diferencias dentro de Europa son bastante pronunciadas. Lo que yo me pregunté es: ¿cómo lo hace cada país con grupos homogéneos? Es decir, dividir la población de PISA en diez niveles por su ISEC, y ver cómo lo hace cada país con la parte que le corresponde. Por supuesto, el gráfico tiene también sus problemas: en los extremos, las categorías de los países más ricos o más pobres son menos fiables, pues la muestra es muy pequeña y el error típico crece mucho. Y tampoco tiene en cuenta un posible "efecto compañero": puede no ser lo mismo para un alumno estar acompañado por otros de mayor ISEC que por otros de menor ISEC. Pero, quitando estas salvedades, nos permite saber cómo lo hace cada sistema educativo con poblaciones más o menos homogéneas: al fin y al cabo, una de las grandes ventajas de PISA es la comparabilidad.
Dicho esto, aquí está el gráfico (clic para ampliar):


Lo que el gráfico permite ver es que, una vez que comparamos estudiantes cuyas características socioculturales familiares son más o menos equivalentes, unos sistemas educativos obtienen mejores rendimientos que otros, y que normalmente el rendimiento es escalonado, pero conjunto. Escalonado, porque ningún país consigue, como ya hemos dicho, anular por completo las diferencias de origen; y conjunto, porque aquellos que tienen buenos rendimientos con los alumnos de ISEC medio, consiguen también buenos rendimientos de los alumnos de ISEC bajo, aunque menores dentro del propio país. Eso nos permite, al comparar grupos homogéneos por origen social, dejar nítidas las diferencias de rendimiento de cada sistema educativo -tratamiento- para cada uno de los grupos no sólo dentro de los propios países, sino entre cada uno de los países.
¿Quiere esto decir que a un estudiante español de entorno pobre -v.g. familia monoparental sin estudios, que vive en un piso pequeño del extrarradio sin más libro en casa que una vieja guía telefónica y sin ordenador ni conexión a internet-, con un rendimiento medio esperado de 425 puntos, le saldría más rentable irse a estudiar a Vietnam, donde un chaval con el mismo entorno cultural obtiene alrededor de 500 puntos (que en España y buena parte de Europa es la puntuación que obtienen los que luego van a llegar a la universidad)? Pues no podemos asegurarlo, aunque los datos apunten esa posibilidad. No lo sabemos porque no se ha dado el caso, y porque, aunque los grupos sean homogéneos por su origen socioeconómico, no tienen por qué serlo en muchos otros aspectos, quizás más importantes (ya hemos dicho que el entorno influye, pero no determina). Sí tenemos suficientes casos de inmigrantes que estudian en países con más nivel que el de origen, y que consiguen rendimientos medios superiores que los compatriotas que se quedaron en su tierra, pero ese es un tema que dejaré para otra anotación.
No me resisto, sin embargo, a contarles un caso significativo, aunque sin valor probatorio alguno: conozco a un chaval que estudió en Shanghai, su ciudad de origen, unos pocos años, y luego vino a España porque sus padres abrieron aquí una de tantas "tiendas de chinos". Venía de uno de los mejores sistemas educativos del mundo y, cuando llegó a España no se les ocurrió otra cosa que hacerle repetir porque no sabía español. Dos años después ya tenía el mismo nivel, incluso inferior, que sus compañeros españoles. Somos unos genios.
Volviendo al gráfico, se observan tres grandes grupos: un grupo de países cuyo rendimiento es muy elevado, tanto que permitiría a los estudiantes de ISEC bajo ingresar en una universidad del mundo desarrollado, y que se sitúa sistemáticamente en extremo oriente; un grupo de países mediocres, generalmente pertenecientes al mundo desarrollado, que tiende a llevar a los alumnos de ISEC medio alto a la universidad y a los de ISEC bajo a empleos de menor cualificación, es decir, a dificultar la movilidad social (¿a nadie se le ocurre que esos países son hoy desarrollados precisamente por hacer justo lo contrario? ¿hacia dónde nos lleva este camino?); y un tercer grupo, habitualmente en Iberoamérica y los países árabes, en los que sólo los que tienen un ISEC muy elevado tienen el nivel suficiente para ir a estudiar a las universidades del mundo desarrollado.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cuáles son las claves que hacen que unos sistemas obtengan mejores rendimientos que otros? Pues autores discrepan. Muchos les dirán que la inversión, la inteligencia media, la calidad de sus profesores, la mentalidad de los padres, etc. Y todos estos factores importan, por supuesto. Pero si tengo que elegir cuál es el determinante, yo pienso que los más importantes son la extensión del currículo (esto es, la cantidad de materia que se imparte a los alumnos cada curso) y los niveles de exigencia. Pero, en el mundo de la investigación educativa, yo soy el raro que piensa que son las decisiones educativas las que definen a los sistemas educativos, y que muy en segundo lugar están los demás factores.
En fin, no comento más el gráfico, aunque tiene bastante para divertirse.
Les dejo, para rematar, otro: fiel a mi tradición de intentar descender a los sistemas autonómicos, les dejo también el gráfico por regiones. En este caso la homogeneidad de los grupos es mucho mayor, y se cumple que los padres nacidos en otra región tienen hijos cuyo rendimiento se parece más a los de sus compañeros de escuela que a los que siguen estudiando en las regiones donde nacieron sus padres. Sin embargo, las diferencias son significativas en muchos casos, teniendo en cuenta también que mantenemos currículos muy semejantes, pero no iguales niveles de exigencia. A mí me sigue llamando la atención que un chaval de entorno marginal obtiene en promedio 50 puntos más si ha nacido en Navarra que si lo ha hecho en Extremadura o Aragón, por fijarnos en las colas, o el caso madrileño. Si nos fijamos en la cabeza, las diferencias son también amplias: entre Navarra o La Rioja y Baleares o Murcia hay bastantes diferencias si nos fijamos en el rendimiento de los dos grupos con mayor ISEC (si hacemos caso a PISA, que considera que una diferencia de 38 puntos equivale a un curso completo, las diferencias por CCAA tanto entre los grupos de ISEC alto como en los de ISEC bajo son mayores que las que resultarían de estudiar un año más).


Para terminar, advertir que los dos gráficos no son directamente comparables: además del eje de abcisas (que es más reducido en el segundo), los grupos del primero no son iguales a los del segundo, pues en aquel la referencia para establecer los cortes es la de todos los países, mientras que en este es sólo España. Además, la categoría "Resto de España" incluye a la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Canarias, Ceuta y Melilla, que no pidieron muestra ampliada.

miércoles, 22 de enero de 2014

El suicidio de Europa (y tantos otros)

Hace unos años, cuando era redactor-jefe de Magisterio, la embajada inglesa me invitó a una comida, junto con otros periodistas y demás gente del sector educativo, con un alto cargo de Educación británico (creo recordar que era Jim Knight). En los postres, el "minister" nos preguntó por qué creíamos que Finlandia obtenía unos resultados tan espléndidos en PISA. No recuerdo la de los demás, pero sí que la mía contrastaba con el resto: yo creo que Finlandia tiene una educación que se consideraría mediocre en la Europa de hace unas décadas, pero que, como han mantenido el sistema sin grandes cambios, ahora destaca ante el resto; es Europa la que se ha suicidado educativamente, y Finlandia sólo es un testigo de la calidad de antaño. El político hizo un comentario irónico dejando claro que no compartía mi visión, y pasamos a otra cosa.
No sé qué dirá ahora mismo el político, pero yo sigo pensando lo mismo, o peor. Pero vamos con los datos, a ver si, después de verlos, alguien más comparte esta opinión. Las tablas y gráficos que ahora se presentan utilizan una metodología que pretende diferencias a los centros buenos y malos de los mediocres, basándome en los resultados de PISA 2012. Ya empleé una metodología similar –aunque para Europa Occidental– en este libro (5Mb) [Lo siento, enlace roto: pueden encontrar el libro aquí], donde se explican los aspectos metodológicos in extenso. Para no aburrir pondré el apéndice metodológico al final de la entrada: de momento baste saber que un centro bueno es aquel que consigue que un porcentaje significativo de sus alumnos obtenga unos resultados en Matemáticas muy por encima de lo esperado por el estrato socioeconómico de su familia de procedencia, un centro malo lo contrario, y uno mediocre ni fu ni fa. Los centros buenos consiguen la mejora social de sus alumnos y contribuyen enormemente a la mejora del país en general, mientras que los mediocres tienden a dejar las cosas como están. Los malos son uno de los mayores timos en los que puede incurrir un Estado, tanto para los alumnos, las familias y la sociedad en general y, salvo excepciones, no deberían permanecer abiertos.
Este análisis parte de la base de que la educación es el punto de apoyo del progreso económico, político y social de los países, pero no es algo evidente ni tiene por qué ser compartido. También creo que Europa Occidental consiguió lo que consiguió en la segunda mitad del siglo XX, a pesar de la guerra, la descolonización y las crisis económicas gracias no sólo a sus instituciones y sus sistemas económicos, sino a una apuesta educativa que actuaba como sustrato de todo ello, y que comenzó a cambiar a principios de los 70, cuando un país tras otro decidieron –decidimos– que nuestras instituciones eran tan buenas que podían sostenerse sobre el vacío.
Esta primera tabla muestra el porcentaje de alumnos que acuden a centros buenos, mediocres y malos en ocho grandes zonas del mundo. La agrupación es mía, basándome en los países que se presentan a PISA y en mis conocimientos geo-históricos (aparte de alguna consideración técnica: EE.UU y la Federación Rusa están por separado para que su tamaño no eclipse al resto del grupo). Los países que incluye cada grupo se encuentran en la segunda tabla, además de los no incluidos en ningún grupo. Hay, por supuesto, alguna disonancia, como la inclusión de Kazajstán en un grupo de países con una evolución bastante distinta, o de Tailandia entre los dragones del Pacífico, o la modernizada Turquía. Pero, en general, creo que hay cierta homogeneidad y que los grupos son coherentes.

Porcentaje de alumnos en centros buenos, mediocres y malos en PISA 2012
Por áreas geo-políticas
Malos ET Mediocres ET Buenos ET
Extremo Oriente2,0(0,53)42,2(1,58)55,8(1,47)
Europa Occidental7,9(0,59)69,6(1,07)22,5(0,95)
Europa Oriental8,5(0,61)69,0(1,80)22,5(1,63)
Transplantes británicos2,5(0,50)79,8(1,29)17,7(1,21)
Países musulmanes16,5(1,05)67,0(2,10)16,5(2,01)
Rusia6,3(1,86)83,5(3,24)10,2(2,51)
EE.UU6,9(2,74)88,8(3,04)4,3(1,94)
Iberoamérica31,2(1,46)68,3(1,45)0,5(0,20)
Todos14,6(0,59)69,0(0,80)16,3(0,48)
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de PISA 2012.

Las regiones están ordenadas de acuerdo con la mayor proporción de alumnos escolarizados en centros buenos. Aunque los parámetros utilizados se eligieron para que el 16% de los alumnos examinados en PISA 2012 acudiera a centros buenos, existe una gran variación entre regiones: mientras que en Pacífico hay una apuesta clara por la calidad –léase: por que los alumnos aprendan–, y que esta llegue al mayor número posible de alumnos, no es eso lo que nos encontramos en el resto del mundo. En Europa, tanto Occidental como Oriental, se mantiene la calidad sólo para algunos grupos de alumnos (y según qué países: véase la siguiente tabla), mientras que un grupo nada desdeñable de alumnos acuden todos los días a centros donde, en general, les saldría más rentable no acudir. Los "trasplantes" británicos –en terminología de Julián Marías– apuestan por quedarse como están, con pocos alumnos en centros buenos y muy pocos en los malos, mientras que la Federación Rusa y EEUU son monumentos a la mediocridad. En los países musulmanes podría parecer que hay un equilibrio entre la calidad y la mediocridad, pero no es cierto: en la siguiente tabla se ve que la apuesta por la calidad es exclusiva de Turquía, mientras que el resto sigue la peligrosa senda iberoamericana. Y es que no sé si los políticos iberoamericanos piensan que el progreso cae del cielo o que, porque no hay manera de encontrar más que trazas de calidad en sus sistemas educativos, mientras que cerca de un tercio de sus alumnos van a centros (¡la mitad en Argentina!) que quizás sería mejor que no permanecieran abiertos.
Para que puedan hacerse una idea más precisa –y entretenerse un rato–, les dejo la tabla por países, agrupados por regiones. Es un poco larga, ya lo siento; si quieren verla en detalle, clic para ampliar. Quizás les sorprenda la inclusión de tres estados de EE.UU y uno de la Federación Rusa, pero la base de datos de PISA los deja así y no me he molestado en averiguar por qué. La tabla incluye el porcentaje de alumnos en cada centro y su error típico (calculado según los estándares de PISA: ya sé que no hace falta ser tan preciso, pero estoy probando una librería de R para ello, y ya aprovecho). Además, la última columna indica la posición relativa de cada país en cada porcentaje, todos de mayor a menor; por ejemplo, España ocupa el lugar 39 de 67 en porcentaje de alumnos en centros buenos (en la parte media de la tabla), el cuarto en porcentaje de alumnos matriculados en centros mediocres (sí, somos de los primeros en mediocridad), mientras que ocupamos el puesto 51 de 67 en alumnos en centros malos (lo que está realmente bien).


Quizás se vea mejor en un gráfico, aunque no ofrezca tanto detalle. Los países se ordenan por el porcentaje de alumnos en centros buenos, y España aparece marcada con una sombra gris.


A no pocos les parecerá que el porcentaje de centros buenos de Europa Occidental, un 22,5%, es suficiente, y que hablar del suicidio de Europa sea exagerado. Pero quizás deba tener en consideración dos cosas: primero, que tal porcentaje se consigue básicamente por cuatro países, y muy poblados –Alemania, Francia Bélgica y Holanda, además de la minúscula Liechtenstein–, mientras que bastante se quedan en niveles ridículos; segundo, que en el cálculo se incluyen muchos países con malos resultados, lo que baja la media alrededor de 20 puntos y sube la correlación y los coeficientes de las variables empleadas: si se incluyeran sólo países desarrollados, el porcentaje de alumnos europeos en centros buenos descendería, mientras que la diferencia con los asiáticos aumentaría aún más (ver apéndice para más detalles). También es cierto que si la competencia empleada fuera Lectura en vez de Matemáticas, los países asiáticos no destacarían tanto. Lo que sería un triste consuelo: no se trata de que Europa esté peor que otros países, sino de lo que se ha dejado en el camino.
Por último, una tabla con las diferencias por comunidades autónomas españolas: aunque todas lo hacen bastante bien con respecto a los centros malos, las diferencias se encuentran en los alumnos matriculados en centros buenos. Por ejemplo, Castilla y León o Navarra tienen cuatro veces más que Murcia, o doce veces más que Andalucía. Y eso, recordemos, tras haber eliminado las diferencias socioeconómicas.

Porcentaje de alumnos en centros buenos, mediocres y malos en PISA 2012
España. Por Comunidades Autónomas
Malos ET Mediocres ET Buenos ET
Castilla y León0,6(1,54)77,3(6,85)22,0(7,11)
Navarra0,2(0,83)78,9(6,57)20,8(6,46)
País Vasco1,3(0,64)83,5(3,49)15,2(3,37)
La Rioja1,0(0,38)84,4(3,37)14,7(3,26)
Aragón1,7(1,71)85,5(6,27)12,8(6,03)
Cataluña0,0(0,00)88,2(4,38)11,8(4,38)
Madrid0,9(1,87)88,9(4,93)10,2(4,62)
Asturias1,5(1,52)91,8(4,93)6,7(4,71)
Galicia2,1(2,65)91,5(6,27)6,4(4,60)
Cantabria4,6(2,39)89,0(4,11)6,4(3,40)
Murcia7,3(3,26)87,5(4,90)5,2(3,71)
Resto de España3,2(3,98)92,6(5,04)4,2(2,90)
Andalucía0,0(0,00)98,3(1,69)1,7(1,69)
Baleares4,2(3,31)94,4(3,74)1,4(1,74)
Extremadura3,5(2,97)95,8(3,26)0,7(1,60)
España1,6(1,02)90,9(1,80)7,6(1,19)
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de PISA 2012.

Nota metodológica:
El proceso, resumido (está detallado en el libro enlazado anteriormente; también incluye –págs. 58-59– dos cuadros que intentan explicar la correlación y la regresión para legos, si no acaba de entender todo esto), es el siguiente. Se hace una regresión, con las puntuaciones de matemáticas como dependiente (en PISA, PV1MATH-PV5MATH) y el ISEC (en PISA, ESCS: índice socioeconómico y cultural) como independiente, de todo el mundo (salvo Albania, que no dispone de ISEC). Se toman los residuos y se marcan los alumnos con un residuo superior e inferior a una desviación típica. Los alumnos se agrupan por centros y se considera centro bueno aquel cuya diferencia entre la proporción de alumnos buenos y malos es superior a 0,30, mientras que se marcan como malos los que tienen una diferencia inferior a -0,30, dejando al resto como mediocres. El 0,30 no se elige al azar, sino que está pensado para que haya, aproximadamente, un 16% de centros buenos y un 16% de centros malos en el mundo. Una vez etiquetados los centros simplemente se calculan los porcentajes por país o región.
Esta metodología tiene, por supuesto, debilidades: una de ellas es que siempre hay que establecer que tal país tiene tantos o cuantos alumnos en centros buenos en relación al resto de países utilizados, pero esa proporción varía en cuanto cambiemos el número de países que intervienen (por ejemplo, en el libro sólo se utilizan los países de Europa Occidental). En el presente caso, al utilizar a todos los países, y no sólo a los más desarrollados, la media de Matemáticas cayó hasta los 456 puntos, mientras que el ISEC bajó a -0,607, en vez de 499 y -0.167 respectivamente. Esto hace que en una regresión baje el intercepto y suban pendiente y correlación, lo que, a efectos prácticos, supone que los mediocres como Europa Occidental aumenten el porcentaje de alumnos en centros malos y disminuya el de matriculados en buenos. Por poner un ejemplo, mientras que utilizando todos los países, los del pacífico tienen 2,5 veces más proporción de alumnos en centros buenos que Europa Occidental, en el caso de eliminar los países más atrasados educativamente la proporción aumenta a 3,6.
En el caso de España, nos quedaríamos con un 1,5% de alumnos matriculados en centros buenos y un 10,5% en centros malos. Es el problema de jugar en las ligas mayores.

jueves, 7 de noviembre de 2013

El chino cudeiro

PISA es una evaluación internacional de una complejidad enorme, pero que tiene la ventaja de ser extremadamente transparente, ya que publica prácticamente todo: buena parte de las preguntas, estudios muy extensos y detallados, los métodos utilizados y las bases de datos completas que utilizan. Todo ello se puede encontrar aquí. La evaluación se pasa cada tres años desde su primera edición en 2000, y estamos a la espera de que se publiquen los datos de su cuarta entrega, la correspondiente a 2012 (saldrá a principios de diciembre de 2013).
Desde hace unos cuantos años, trabajo con los datos de PISA. La primera edición de la cual descargué las bases de datos fue la de 2003, y desde entonces he ido manejando los datos tanto de la anterior (2000) como de las siguientes, según han ido saliendo. Como algunas tablas son bastante grandes, las suelo cargar en una base de datos (habitualmente MySQL) para comenzar a utilizarlas. Cuando estuvieron disponibles las bases de datos de 2009, ya tenía creadas todas las anteriores, e intenté aprovechar el diseño previo para la nueva base de datos de 2009, ya que los campos no varían mucho.
La tabla grande de 2009 (la que tiene los datos principales de los alumnos) tiene casi medio millón de registros y más de 400 campos, unas dimensiones considerables, y tarda bastante en migrar. Pueden imaginar mi cabreo cuando, pasados cerca del 80% de los datos, el programa da un error: un valor es demasiado alto para el rango reservado en la base de datos. Después de investigar un rato, el error venía de que un alumno había obtenido en la escala de matemáticas más de 1000 puntos PISA, mientras que en mi base de datos tenía reservado sólo espacio para números de tres cifras (entre 0 y 999). Eso me obligó a modificar el tamaño de más de treinta campos en la base de datos y otras modificaciones menores en el programa de migración, y comenzar de nuevo el proceso. Y, como el alumno en cuestión vivía en Shanghai, pues se quedó con el mote de chino cudeiro.
Además de su rendimiento en Matemáticas, podemos saber por los datos de PISA que el chino cudeiro es un chaval que va a una escuela de Secundaria básica en Shanghai, China, que cursa noveno grado (el equivalente a nuestro 3º de ESO: sí, va un curso retrasado, probablemente porque en China ingresen en el curso por la edad que tienen al comenzarlo, y no por el año natural, como en España), que nació en octubre de 1993, que cursó más de un año de educación infantil, comenzó la Primaria con seis años, que vive en casa con sus padres y, al menos, un abuelo, pero que -muy probablemente- no tiene hermanos. Su madre estudió hasta el Bachillerato y trabaja a tiempo completo en una oficina, mientras que el padre obtuvo una licenciatura y tiene un alto cargo en una gran empresa. Ambos nacieron en China (en la propia Shanghai), y hablan chino en casa. En su hogar dispone de los recursos educativos y los electrodomésticos típicos de cualquier hogar de clase media occidental (libros de literatura, poesía, de referencia técnica, diccionario, y algunas obras de arte; también un ordenador, habitación propia,lavaplatos, DVD, aspiradora, cámara digital y exprimidora) salvo internet. Además, en casa hay dos móviles, un televisor, un coche, y sólo tienen un baño. No hay demasiados libros (entre 25 y 100), pero el chino cudeiro lee al menos dos horas diarias, pues es uno de sus pasatiempos favoritos. Lee sobre todo libros de no ficción, literatura, poesía y periódicos, pero casi nunca cómics o revistas. No se concecta a internet, ni en casa (que no tiene) ni fuera de casa, por lo que no chatea ni usa el correo electrónico: sólo lo utiliza en la biblioteca del colegio para cuestiones relacionadas con el estudio. Tiene estrategias de estudio razonables, pero no especialmente buenas y, como cualquier chaval, a veces no entiende las cosas y se atasca en el estudio. Tiene seis clases semanales de matemáticas en el colegio, con una duración de 40 minutos cada una. En una semana tiene en total 38 clases (unas 25 horas semanales), y no tiene clases de refuerzo ni dentro ni fuera de la escuela. Se pasa, eso sí, todos los días por la biblioteca, para estudiar y hacer los deberes, y alguna vez simplemente para leer. Para estudiar, suele hacer resúmenes y leerlos varias veces, pero no copia, ni subraya, ni lee en voz alta. Estudia matemáticas cuatro horas a la semana, pero no sabemos cuánto dedica al resto de asignaturas. Sus resultados son excepcionales en Matemáticas, pero distan mucho de ser brillantes en Lectura. Aparentemente, un chaval como otro buen estudiante cualquiera.
Las escalas de rendimiento en PISA tienen una media de 500 y una desviación típica de 100, por lo que para que un alumno obtuviese más de 1000 puntos en PISA tendría que obtener un rendimiento cinco desviaciones típicas por encima de la media. Asumiendo que los resultados de PISA se distribuyen normalmente, la probabilidad de encontrar un alumno por encima de los 1000 puntos es de 2,87e-07 (0,000000287). Para que me entienda todo el mundo, uno de cada 3,5 millones de alumnos. Tenía cierta razón en suponer que ningún alumno pasaría de los 1000 puntos. Para que os hagáis una idea de la distancia que media entre el chino cudeiro y la media de los países desarrollados, aquí os dejo el siguiente gráfico:
Las barras azules representan la distribución real de los alumnos de países de la OCDE en Matemáticas (PV1MATH) en 2009, la línea en forma de campana de Gauss es la distribución teórica que utiliza PISA (media 500 y desviación típica 100, asumiendo normalidad), y la línea amarilla de la derecha es la puntuación del chino cudeiro en la escala. En realidad, PISA no obtiene las puntuaciones reales de los alumnos -no es un examen-, sino las "puntuaciones poblacionales", es decir, no está hecha para valorar la capacidad del individuo sino para conocer los resultados de una población, por lo que no sabemos la puntuación real de nuestro chino cudeiro, sino que es una aproximación algo inexacta. Pero, para este blog y para el juego que nos traemos entre manos, podemos darla por válida. El resto de distribuciones y datos empleados en esta anotación sí que son válidos incluso siguiendo criterios académicos, salvo que, por simplificar, se usa sólo la primera escala de Matemáticas (PV1MATH), y no las cinco que usa PISA.
Por tanto, tendríamos una posibilidad entre 3,5 millones de encontrar un estudiante de este nivel de excelencia en los países de la OCDE. Pero es que nuestro chino cudeiro no estudia en un país de la OCDE, sino que estudia en Shanghai, que tiene un sistema educativo algo particular y donde se hace especial hincapié en el aprendizaje de las Matemáticas. En el siguiente gráfico, que mantiene la misma escala que el anterior, podemos ver la distribución real de los alumnos españoles (barras azules) y de los chinos (barras amarillas) en Matemáticas en PISA 2009, además de la distribución teórica media de PISA y la situación del chino cudeiro (las frecuencias de los gráficos han sido calculadas simulando poblaciones iguales para poder establecer comparaciones).
El rendimiento del chino cudeiro sigue siendo excepcional, pero ya parece más probable encontrar un alumno así. De hecho, para los parámetros teóricos de la distribución de Shanghai, la probabilidad de encontrar un alumno por encima de los 1000 puntos en Matemáticas es de 4.95e-05 (0,0000495), que puede parecer todavía muy pequeña, pero ya es razonable: más o menos, uno de cada 20.000 alumnos. Para que se hagan una idea, la probabilidad de encontrar un alumno que estudie en el sistema educativo español por encima de los 1000 puntos en Matemáticas es de 2,36e-08 (0,0000000236), uno de cada 42 millones. Creo que no existe tanto español como para tener una sola posibilidad de que eso ocurra.
Pero no acaba aqui la cosa. El chino cudeiro no estudia sólo en un sistema educativo, sino en un centro concreto. Uno bastante bueno, pero ni siquiera es el que mejores resultados obtiene en Shanghai, donde hay un puñado de escuelas con niveles similares. En el siguiente gráfico se pueden ver las distribuciones teóricas -las reales, al haber muy pocos alumnos, están bastante dispersas- del centro típico de la OCDE, del mejor centro que tenemos en España y del centro donde estudia el chino cudeiro.
En el gráfico se ve que el chino cudeiro sigue siendo excepcional, pero se entiende mejor que en un centro con una media en Matemáticas por encima de 700 puntos exista la posibilidad de encontrar a un alumno así. De hecho, la probabilidad de encontrar un alumno por encima de los 1000 puntos en un centro con la distribución teórica del suyo es ya de sólo 0,00123, poco más o menos de uno cada 800 alumnos. Si además tenemos en cuenta que nada menos que 14 de los 152 centros (un 9%) evaluados en Shanghai tenían una media por encima de los 700 puntos, es fácil colegir que esta ciudad china tenía bastantes posibilidades de tener un alumno así. Los que no tenemos ninguna oportunidad somos nosotros: la probabilidad de que aparezca un alumno de ese nivel en el centro español con mejores resultados es de 6.23e-07 (0,000000623), una entre 1,6 millones de alumnos.
Hay quien todavía piensa que las grandes cabezas nacen, y que por tanto es una cuestión de suerte. Sin embargo, hoy sabemos que las grandes cabezas nacen en muchos sitios, pero que sólo en algunos se les da la oportunidad de aprovechar de verdad su potencial.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

A quien pueda interesar (II)



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Y, cuando se presente y puedan leer el estudio, hablaremos de la formación de los maestros.
ADDENDA:
Me dicen que se puede ver en directo.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Defina desastre, por favor

Casandra fue una princesa troyana que consiguió el don de la adivinación engañando a los dioses, y por ello, en vez de retirarla el don, la condenaron a que nadie creyera sus profecías. A veces tengo la sensación de que me ocurre algo parecido.
Desde hace unos cuantos años vengo diciendo y repitiendo que desde la aplicación de la Logse se interrumpió una larga serie de años de mejoras en la titulación de los españoles, y que a partir de ese momento no sólo nos estancamos, sino que comenzamos a caer. Comencé a advertirlo en algunos artículos de periódico y, más adelante, de manera algo más sistematizada, en un paper que se llamó “El efecto Logse y otros cuentos”, publicado en 2006.
Pero siempre hubo excusas para justificar los malos datos: el retraso histórico de nuestra educación, expresada en los bajos índices de titulación entre la población adulta, o la falta de inversión. Sin embargo, siendo argumentos en parte ciertos, no funcionaban en sentido contrario: cuando el nivel de estudios de los padres aumentó, o cuando se invirtió más dinero, los resultados educativos seguían sin mejorar. Y cuando han comenzado a mejorar, coincidiendo con la aplicación de algunos cambios en el sistema con la LOE, resulta que la responsable es la crisis. ¿Datos? La coincidencia en el tiempo, y que la excusa suena muy bien. La realidad es que a los 10 años ya sabemos qué alumnos van a fracasar a los 16, y por tanto ni la crisis, ni las expectativas laborales, ni las drogas, ni el sursum corda tienen demasiado que ver con los resultados educativos.
Sin embargo, el Ministerio está instalado en el discurso de que cualquier mal funcionamiento del sistema educativo o no existe, o es mínimo, o se debe a causas extraeducativas. Para ello, no han dudado, desde hace años, en seleccionar los datos que se acomodan al discurso y esconder o evitar poner los que lo contradicen: ya son muchos los años desde que vengo advirtiendo que los informes del ministerio no son fiables, y que cuando es posible hay que recurrir a la fuente original.
Hasta ahora, había visto muchos absurdos más o menos deliciosos en este empeño por esconder la realidad y engañar a los ciudadanos, pero el de hoy creo que rebasa todos los límites. Es tan burdo que no creo que la prensa se lo trague (aunque, de momento, parece estar colando). Resulta que esta mañana a las 11 se presentaba en todo el mundo el Education at a Glance 2011 (Panorama de la educación 2011 en español), un estudio anual realizado por la OCDE en el que se repasan los datos de los sistemas educativos de los países desarrollados. El formato es de poco texto y mucha tabla, por lo que es fácil perderse para aquellos que no estén especializados o no sepan qué buscar. El Ministerio hace un informe más breve, se supone que para adecuar los datos al contexto español, pero ya que se pone aprovecha para recortar lo que no le interesa e imponer su discurso. Al final, dos personas que hayan leído sólo uno de los informes saldrán con impresiones totalmente distintas.
El Ministerio comienza la nota de prensa así:
"El secretario de Estado de Educación y Formación Profesional, Mario Bedera, ha destacado el gran avance educativo de España en estos 50 últimos años durante la presentación del informe de la OCDE: Panorama de la Educación 2011.
En España se han reducido muy notablemente las diferencias de partida respecto a la OCDE, que eran muy elevadas hace algunas décadas, siendo el país que ha experimentado una mejoría más notable después de Corea."
¿Es esto falso? Pues no, pero ¿es lo relevante del informe? Vean este gráfico (que sólo aparece en la versión completa, no en la española) y juzguen (click para ampliar):



El gráfico representa varias cosas: la barra azul, la variación en la esperanza de vida escolar tras los 15 años –es decir, la cantidad de cursos que los alumnos, como media, van a mantenerse estudiando tras esa edad– entre 1999 y 2009; la barra gris lo mismo, pero sólo entre 2008 y 2009; el círculo blanco el porcentaje de variación en la población entre los 15 y los 29 años en la última década, y el triángulo negro la variación en el porcentaje de población de 15 a 29 años que continúa estudiando entre 1999 y 2009.
Lo que dice el gráfico es que somos el país con peores resultados educativos en la última década del mundo desarrollado. El peor. En 1999 un alumno de 15 años tenía una esperanza media de continuar estudiando de 6,7 años más, y en 2009 dicha esperanza se ha reducido a 5,6 años. El resto del mundo desarrollado ha mejorado en ese mismo tiempo casi 8 meses, por lo que estamos diciendo que España ha descendido casi dos años (1,75 exactamente) con respecto al resto en sólo una década. En 1999 estábamos por encima de la media: en 2009 sólo superamos a Turquía y México. También dice que somos los que más hemos empeorado –un 22%– en el número de personas escolarizadas a esa edad, incluso teniendo en cuenta que hemos perdido un 8% de población en esos diez años.
¿Qué es más relevante, a efectos de mejorar el sistema educativo (para eso son los informes, se supone): que hemos mejorado espectacularmente en los últimos cincuenta años y tres sistemas educativos, o que hemos empeorado espectacularmente en los últimos diez con un solo sistema educativo? Si fuera para plantearse volver al sistema anterior, se entiende la relevancia a los cuarenta años anteriores, pero ocultar que hemos empeorado casi dos años en los últimos diez –en realidad son ocho, entre 2000 y 2008, pues en 2000 todavía mejoramos y en 2009 también, con la Logse ya derogada– dice muy poco a favor de semejante Ministerio.
Como dice EFE, "Gabilondo ha asegurado que 'no tienen razón' los que dicen que el sistema español de enseñanza es un desastre". Ante tal conocimiento de su área, no tengo nada más que pedirle que diga qué entiende por desastre.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Huele a… victoria

Muchos recordaréis a Robert Duvall en Apocalypse Now diciendo aquello de "Adoro el olor a napalm por la mañana". Tras arrasar un poblado enemigo con la tristemente famosa sustancia recuerda otra masacre similar rematando la frase con un "Olía a… victoria". Era una de las formas de ver el horror de la guerra, ese horror que es el tema central de la película de Coppola (papá Francis, no la niña).
Leyendo hoy la nota del Ministerio y las declaraciones de Eva Almunia –la número dos de Educación– sobre la publicación del Education at a Glance 2010, no sé por qué, me han recordado esa frase. El EAG 2010, o Panorama de la Educación 2010 en versión hispana, es una publicación anual de la OCDE en la que se pasa revista, a través de una serie de indicadores más o menos constantes, a los resultados de la educación y de la formación en los países pertenecientes a esta organización (que incluye, entre otros, a todos los países de mundo desarrollado). Hay que estar atento, porque no es una publicación sobre educación, sino más bien sobre cómo participa la educación en la economía. Es un sesgo interesante y nada despreciable, por supuesto, pero lo tiene, entre otras cosas porque la OCDE es una organización principalmente económica.
Bueno, pues el Ministerio, desde hace unos cuantos años, saca un documento resumen con los, se supone, principales datos referidos a España. En teoría para facilitar el trabajo a la prensa y al público interesado (quién tiene tiempo de mirarse un documento de más de 400 páginas, lleno de tablas y, encima, en inglés), en realidad un campo minado de datos retorcidos e interpretaciones sesgadas, un manual de cómo seleccionar unos pocos datos para dar la impresión de que nuestro sistema educativo goza de una salud envidiable.
Hay, pues, tres documentos: la nota de prensa, el "resumen español" del Ministerio y la publicación original en inglés, en adelante EAG 2010. Pero vayamos con la nota de prensa. El titular dice: "Más del 80% de los alumnos de entre 15 y 19 años siguen estudios postobligatorios". Qué gilipollez, me digo, si el 30% no obtiene el título de la ESO y la Logse puso trabas para continuar estudiando sin él, ¿cómo va a seguir más del 80%? Pero la nota de prensa abunda:
"La secretaria de Estado de Educación y Formación Profesional, Eva Almunia, ha destacado que 'los datos de escolarización y de titulación en etapas post oblig(a)torias nos permiten ser optimistas ante la evolución del abandono temprano, el principal reto del sistema educativo español' […]. En este sentido, el informe pone de manifiesto que en el curso 2007/08 el 81% de los alumnos de entre 15 y 19 años siguen estudiando después de la Secundaria, ocho puntos más que en 2001."
Me voy al resumen español, donde dicen (pág. 12):
"Las tasas de matrícula de los alumnos de 15 a 19 años ofrecen una visión de la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo después de la educación obligatoria. Son, por tanto, un complemento que enriquece al indicador de Abandono temprano de la educación y la formación que elabora la Unión Europea. Entre los años 1995 y 2008, estas tasas han aumentado en España en ocho puntos, del 73% al 81%."
Pero en el gráfico al que hacen referencia ya sólo ponen “Tasas de matriculación de alumnos entre los 15 y los 19 años (1995, 2000 y 2008)” (pág. 13). Vaya, pues resulta que es una tasa de escolarización genérica, no de una etapa en concreto (ya me parecía). Vamos a la fuente original: la tabla C.1 (pág. 303) se titula “Trends in enrolment rates (1995-2008)” (Tendencias en las tasas de matriculación) y consta de dos subtablas, una para los 15-19 años y otra para los 20-29 años. La primera aparece en el informe del Ministerio, la segunda no (debe ser porque en 1995 teníamos un 21% de tasa de matriculación a los 20-29 años, en 2000 un 24% y en 2008 volvemos a estar en un 21%: el “efecto Logse”, que no perdona).
Pero, ¿qué importancia tiene que sea una tasa de escolarización genérica o una tasa de escolarización posobligatoria? Pues en la mayor parte de los países ninguna, pero en un país donde tenemos una tasa de repetición absolutamente desmesurada, mucha. Primero, porque a los 15 años ya ha repetido un 42% de los alumnos. Segundo, porque a los 16 años sigue habiendo un 35% de alumnos en la ESO, y aún un 12% a los 17 (los datos son de la estadística del Ministerio para el curso 2007-08, en concreto de aquí). Una repetición que aún no se había disparado en 2000 y que no existía en 1995 (entonces los alumnos hacían BUP o FP I/II).
¿Cuál es el dato que indica cómo ha evolucionado la situación de la escolarización posobligatoria en España? En mi opinión, el único comparable con 1995 y 2000 es la tasa de escolarización a los 17 años, ya que es el único año en que es edad posobligatoria tanto para la Logse como para la LGE y aún no hay alumnos en la universidad. La evolución de ese indicador es la siguiente (tabla 8): 73,3% en 1995, 76,1% en 1998, a partir de entonces pequeñas variaciones alrededor del 75% hasta 2008. Vamos, de evolución positiva nada, estancamiento puro y duro durante una década. Si sólo contamos la posobligatoria (tabla 9), entonces tenemos el 62,6% en 2000, 63,6% en 2001, 65% en 2002 y desde ese año una suave pendiente hasta el 63,2% de 2008, último "año Logse".En 2009, con la mejora del fracaso, volvemos a subir hasta un 65,5% (lo siento, no tengo tiempo para un gráfico).
Ya hemos visto que el título de la nota es puro humo, y que el informe está bastante amañado en este caso. Pero no es el único ejemplo. Como sigue la nota de prensa:
"Asimismo, Panorama de la Educación 2010 señala el incremento en el número de alumnos que logran el título de Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio en el año que les corresponde y que se sitúa en un 73%, frente al 66% que lo lograba en 2001."
Pues tampoco me cuadra. Sobre todo, porque en España en 2008 se graduaron (tasa bruta) en Bachillerato un 44,7% de la población, y en FP de Grado Medio un 16,8%, lo que nos da un total de 61,5% en graduados en Secundaria superior. Tampoco me cuadra el dato de 2001, 57,7% según el Ministerio. Ni el de 1995 (que aparece en el "informe español"), un 62% según la OCDE y 56,3% en las estadísticas oficiales. Me voy a la tabla original (A2.2) en la página 55 del EAG 2010, que no explica demasiado, y a la anterior (pág. 54), donde muestran algo más del método de cálculo (aunque no lo aclaran todo). Lo que parece que hace la OCDE es coger tanto a los titulados en FPGM –en Bachillerato los datos coinciden– como a los que obtienen un certificado profesional de nivel 2, que no son otorgados por Educación sino por Trabajo.
Es un método de cálculo válido para la OCDE, pero no para conocer los resultados de un sistema educativo. Para empezar, muchos de los que lo obtienen, lo hacen por encima de los 25 años (en España no sabemos cuántos: es un problema grave de nuestras estadísticas el que no sepamos nunca a que edad se obtienen los títulos). Segundo, en todo caso el éxito corresponde al sistema de Formación Ocupacional, dependiente de los Servicios de Empleo, porque los datos de Educación son bastante planos y no hay una mejora clara (cinco puntos en 15 años, y con bastantes variaciones.
Podría seguir con más aspectos de la nota y el informe, pero esto se ha hecho demasiado largo. Para otro día dejo la revisión del texto original.
Se supone que el “informe español”, elaborado por el Instituto de Evaluación, iba a poner "el acento en aquellos datos comparativos que permiten conocer mejor el sistema educativo español en relación con nuestro entorno" (pág. 7). Más bien selecciona datos positivos sin ponerlos en el contexto español. Y eso que se supone que dicho Instituto es el que mejor conoce nuestro sistema educativo (tiene los datos de todas las evaluaciones nacionales, que no comparte con nadie). Una vez me dijeron de su director que era especialista en ver “el lado amable del cieno”. Por lo que veo, el Instituto de Evaluación es capaz de encontrar, entre el horror de nuestros datos educativos, el olor a victoria.