Mostrando entradas con la etiqueta Diferencias territoriales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diferencias territoriales. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de diciembre de 2021

Debate sobre la utilidad de la repetición, en el Consejo Escolar de la Región de Murcia

He mantenido un agradable debate, en el marco de una iniciativa del CERM denominada "Los debates del Consejo Escolar", bajo el título de "¿Es útil la repetición?". Ambos ponentes (Juan Manuel Moreno Olmedilla, profesor de la UNED, aunque ha trabajado durante muchos años en el Banco Mundial, era mi colega) coincidimos en que la repetición era una institución cara y poco eficiente en la actualidad, aunque estuvimos menos de acuerdo en cómo acabar con ella.
En mi opinión, la repetición comenzó a perder sentido con la implantación de la Logse, pues a partir de dicha ley se transformó en el principal elemento de discriminación del sistema. Sin embargo, a partir de entonces se convirtió en el testigo de que algo no estábamos haciendo bien con el sistema educativo: la repetición se había vuelto disfuncional, pero porque encarnaba las disfuncionalidades de la gestión del sistema. Por ello, me parece que intentar reducirla como lo está planteando el Ministerio es un error, pues sólo maquillará la disfuncionalidad del sistema al eliminar a un testigo, pero no corregirá lo que está mal, que es mucho. Me inclino, más bien, por actualizar el currículo de Primaria y establecer refuerzos durante esa etapa, en vez de facilitar el tránsito sin que los alumnos estén preparados para afrontar con garantías la ESO.
Aquí les dejo el vídeo del debate, que dura más de dos horas, pero lo cierto es que con un formato muy ágil y con muchas preguntas del público. El debate propiamente dicho comienza en 29'24" y acaba 1:23'40", dando lugar a las intervenciones del público.


En el curso de la preparación del debate me topé con unos datos interesantes que no puedo por menos que mostrar aquí. El primer gráfico lo empleé en el debate, mientras que el segundo no, ya que me parecía que era un tema tangencial a lo que allí se discutía. El primero, que pueden ver a continuación (click para ampliar) muestra la evolución del porcentaje de alumnos que promocionan en 6º de Primaria y 1º y 4º de la ESO (estos dos último muestran también los que promocionan sin asignaturas pendientes). Lo que se ve es que nuestro sistema educativo ha mejorado las tasas de promoción en 6º de Primaria (en realidad, en todos los cursos de Primaria, pero no cabían) y en los tres primeros cursos de ESO (aquí represento sólo 1º), mientras que en 4º la evolución es algo más errática. Por supuesto, toda esta mejora en la promoción no ha venido avalada por una mejora de la calidad, como muestra nuestro estancamiento en PISA. La fuente de los datos es la estadística del Ministerio de Educación. Enseñanzas no universitarias. Alumnado. Resultados académicos. Series. Porcentaje de alumnado que promociona de curso por enseñanza.
Uno de los aspectos más importantes de este gráfico es la diferencia de porcentajes de promoción entre 6º de Primaria y 1º de ESO. Tal y como yo lo veo, un sistema eficiente no puede tener unos saltos tan importantes en el nivel de exigencia, y que eso ocurra indica que los alumnos que propocionan en 6º de Primaria no están preparados para enfrentarse a la ESO con garantías. Como indico en el debate, esa es la principal fuente de desigualdad y fracaso en el sistema educativo español, aunque rara vez se aborde.
Pero lo que más me interesa hoy es lo ocurrido el último año en todos los cursos, mejoras de dos o tres puntos en Primaria y de cinco o seis en la ESO, una aceleración asombrosa si pensamos que no ha sido el resultado de ninguna norma de carácter nacional (que aún no se ha publicado) ni, que yo sepa, de otras instrucciones oficiales, aunque sí de las instrucciones de la pandemia. Aún no tenemos forma de comprobarlo, pues PISA sale a finales de 2023 y no tenemos otra evaluación pública para verificarlo, pero mucho me extrañaría que dicha mejora en los porcentajes fuera resultado de una mejora real en el conocimiento de los alumnos. Como se puede ver en el gráfico siguiente, esa mejora ha existido en prácticamente todas las comunidades.
Salvo el caso de Melilla (y sólo en los que promocionan sin pendientes), todas las comunidades han mejorado sustancialmente los porcentajes de promoción en 1º de la ESO (que es el ejemplo que traigo, aunque es similar en otros cursos, como pueden comprobar en el enlace a las estadísticas del Ministerio) sin ninguna razón aparente. En la promoción (en verde), se han mejorado desde los dos puntos del País Vasco a los quince de Ceuta. En la promoción sin pendientes (naranja), la mejora es de casi el doble (ocho puntos de media) que van desde los 3,5 puntos de la comunidad Valenciana a los 12,7 de Cantabria. El fracaso escolar en 4º de la ESO, aunque deje el análisis para otro momento, ha descendido de forma paralela en ese curso. De estos datos, me preocupa por un lado haber tomado un camino en el descenso de la exigencia que no tiene fin, y por otro que se están desincentivando a los centros que habían optado por mantener estándares de calidad algo superiores a la media. Ya veremos si, cuando pase la situación de excepcionalidad, se continúa con esta tendencia, y sufriremos las consecuencias en posteriores evaluaciones.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Nivel socioeconómico, nivel de rendimiento y el sistema educativo como tratamiento

Desde hace al menos cincuenta años se sabe que el rendimiento escolar está influido por el entorno familiar del alumno. Influido, que no determinado -si no, no se explicaría cómo en el mundo desarrollado millones de personas hayan sido, durante los últimos sesenta años, los primeros de su familia en pisar una universidad-, y la forma y el tamaño del efecto están a su vez mediatizado por otros contextos: el escolar, que es capaz de modular esta influencia, al menos hasta cierto punto, y el social.
La forma de medir las variables familiares que influyen en el rendimiento escolar y la fuerza de esa influencia siguen siendo objeto de cierta discusión. Lo que voy a explicar a continuación es cómo lo hace PISA y los resultados que obtiene. PISA construye un índice socioeconómico y cultural a partir de multitud de datos del entorno familiar en que vive el alumno: básicamente está formado por el índice de estatus laboral más alto de ambos padres, el nivel educativo más alto de ambos progenitores medido en años, además de un índice de posesiones en el hogar que intenta agrupar el poder adquisitivo de la familia, sus posesiones culturales, los recursos educativos que el alumno tiene a su disposición y el número de libros que hay en casa. Todo ello se agrupa, por diversos procedimientos matemáticos que no vienen al caso, en una sola escala con una media cero y una desviación típica de uno para la OCDE, y que se distribuye según la famosa campana de Gauss.
Este índice es el que los técnicos de PISA han encontrado que tiene una mayor influencia en el rendimiento, y tiene la ventaja de que utiliza una misma escala para todos los países. Eso no quiere decir, por supuesto, que sea el que más influye en todos los países -es España, por ejemplo, parecen pesar más los libros que el alumno tiene en casa-, ni afecta en todos los sitios igual: la media de la OCDE está cercana al 15% (datos de PISA 2012 para la escala de Matemáticas), aunque en la mayoría de los países oscilan entre un 8 y un 20%. Ese porcentaje es el de "la varianza en el rendimiento explicada por el ISEC", lo que significa que de la variación total que encontramos en el rendimiento de los alumnos, su origen socioeconómico es capaz de explicar el 15%, mientras que el 85% restante obedece a otras causas: la inteligencia del alumno, el que hayan tenidos mejores o peores profesores, lo que se hayan esforzado en estudiar, la calidad del centro, los compañeros que le rodean, si les dolía o no la cabeza el día del examen... A esto me refería cuando decía que el ISEC no determina, pero sí que influye.
Como hemos dicho, la influencia del ISEC es distinta en cada país: entre el 2% de Macao (China) o el 6% de Qatar, hasta el 23% de Perú o el 25% de la República Eslovaca hay mucha diferencia. En España estamos en un 16% -como siempre, alrededor de la media-, los países nórdicos entre un 7 y un 11%, y en los grandes países de Europa Occidental el Reino Unido obtiene un 12%, Alemania un 17% y Francia un 22%. Pueden ver la tabla completa en este documento de excel, tabla II.2.1. Lo que quieren decir estas diferencias es que aunque el ISEC influye en el rendimiento de los alumnos en todos los países, la medida en que lo haga está mediatizado por factores sociales del propio país como, y esta es la parte que me interesa, por el sistema educativo de cada país.
El sistema educativo de cada país es el marco donde los agentes -alumnos, profesores, padres, técnicos, políticos- toman sus decisiones, y está compuesto no sólo por las leyes que lo dan forma, sino por una amalgama de costumbres, aspiraciones, sistemas de acceso y un millón de otras cosas que podrían convertirse en una enumeración borgiana, y que a su vez tiene su origen en otras causas históricas, sociales y políticas que tampoco voy a tratar de enumerar. Lo que me interesa es que todo ese conjunto que llamamos sistema educativo al final es capaz de modular, en un sentido u otro, la influencia del ISEC. Se puede decir que el sistema educativo funciona como un tratamiento, tanto a la hora de obtener los resultados de los alumnos como a la de modular la influencia del ISEC en el rendimiento (o como lo que se le ocurra que pueda afectar a estas y otras variables). La idea -teórica- de tratamiento es que tienes n grupos de personas de características similares y les sometes a distintas condiciones y luego mides los resultados. En medicina, tienes dos grupos de enfermos y a unos les das antibióticos y a otros un placebo, y luego miras quién se ha curado y quién no. En educación las cosas son más complicadas, claro, pero la idea subyacente es que tienes grupos de alumnos más o menos similares que son sometidos a distintos "tratamientos" (formas de organizar el currículo y de impartirlo, y otras muchas cosas, que dependen del dinero, profesores, compañeros, políticos...) o sistemas educativos, y luego medimos los resultados (en este caso, el rendimiento en Matemáticas y sus diferencias según el ISEC).
Todo esto viene por un gráfico que salió hace tiempo en el Huffington Post americano, y que enlazo en español. Quitando el titular (no es la riqueza, que pesa muy poco en el cálculo del ISEC global), el gráfico es perfectamente correcto. De hecho, lo hizo Pablo Zoido, un analista de la OCDE. Si lo miran con cierta atención, verán que dividen a los estudiantes de cada país en diez partes según su ISEC, y luego miden el rendimiento medio de cada uno de los grupos. Lo que permite ver este gráfico es que hay "tratamientos" (sistemas educativos) que consiguen reducir el efecto del ISEC y otros ampliarlo, pero que ninguno ha encontrado la fórmula de que desaparezca por completo (aunque Macao queda muy cerca de conseguirlo). También que hay países que parecen privilegiar a sus élites (Portugal, Turquía, Rumanía o los países sudamericanos), mientras que otros tienden a hundir al último grupo social (Austria, Eslovaquia, Hungría, Francia, Liechtenstein o Shanghai, por ejemplo). También los hay que lo hacen especialmente bien con el último grupo, o especialmente mal con el primero.
Ahora bien, ¿podemos saber si los malos resultados de países como los iberoamericanos u otros muchos se deben a que el sistema educativo es malo o a la pobreza de sus poblaciones? Pues el gráfico no lo permite.
El problema de este gráfico es que no podemos decir más, porque los grupos dejan de ser homogéneos entre países. El 10% más pobre (o más rico) de un país sudamericano no tiene nada que ver con el 10% más pobre de un país europeo. E, incluso, las diferencias dentro de Europa son bastante pronunciadas. Lo que yo me pregunté es: ¿cómo lo hace cada país con grupos homogéneos? Es decir, dividir la población de PISA en diez niveles por su ISEC, y ver cómo lo hace cada país con la parte que le corresponde. Por supuesto, el gráfico tiene también sus problemas: en los extremos, las categorías de los países más ricos o más pobres son menos fiables, pues la muestra es muy pequeña y el error típico crece mucho. Y tampoco tiene en cuenta un posible "efecto compañero": puede no ser lo mismo para un alumno estar acompañado por otros de mayor ISEC que por otros de menor ISEC. Pero, quitando estas salvedades, nos permite saber cómo lo hace cada sistema educativo con poblaciones más o menos homogéneas: al fin y al cabo, una de las grandes ventajas de PISA es la comparabilidad.
Dicho esto, aquí está el gráfico (clic para ampliar):


Lo que el gráfico permite ver es que, una vez que comparamos estudiantes cuyas características socioculturales familiares son más o menos equivalentes, unos sistemas educativos obtienen mejores rendimientos que otros, y que normalmente el rendimiento es escalonado, pero conjunto. Escalonado, porque ningún país consigue, como ya hemos dicho, anular por completo las diferencias de origen; y conjunto, porque aquellos que tienen buenos rendimientos con los alumnos de ISEC medio, consiguen también buenos rendimientos de los alumnos de ISEC bajo, aunque menores dentro del propio país. Eso nos permite, al comparar grupos homogéneos por origen social, dejar nítidas las diferencias de rendimiento de cada sistema educativo -tratamiento- para cada uno de los grupos no sólo dentro de los propios países, sino entre cada uno de los países.
¿Quiere esto decir que a un estudiante español de entorno pobre -v.g. familia monoparental sin estudios, que vive en un piso pequeño del extrarradio sin más libro en casa que una vieja guía telefónica y sin ordenador ni conexión a internet-, con un rendimiento medio esperado de 425 puntos, le saldría más rentable irse a estudiar a Vietnam, donde un chaval con el mismo entorno cultural obtiene alrededor de 500 puntos (que en España y buena parte de Europa es la puntuación que obtienen los que luego van a llegar a la universidad)? Pues no podemos asegurarlo, aunque los datos apunten esa posibilidad. No lo sabemos porque no se ha dado el caso, y porque, aunque los grupos sean homogéneos por su origen socioeconómico, no tienen por qué serlo en muchos otros aspectos, quizás más importantes (ya hemos dicho que el entorno influye, pero no determina). Sí tenemos suficientes casos de inmigrantes que estudian en países con más nivel que el de origen, y que consiguen rendimientos medios superiores que los compatriotas que se quedaron en su tierra, pero ese es un tema que dejaré para otra anotación.
No me resisto, sin embargo, a contarles un caso significativo, aunque sin valor probatorio alguno: conozco a un chaval que estudió en Shanghai, su ciudad de origen, unos pocos años, y luego vino a España porque sus padres abrieron aquí una de tantas "tiendas de chinos". Venía de uno de los mejores sistemas educativos del mundo y, cuando llegó a España no se les ocurrió otra cosa que hacerle repetir porque no sabía español. Dos años después ya tenía el mismo nivel, incluso inferior, que sus compañeros españoles. Somos unos genios.
Volviendo al gráfico, se observan tres grandes grupos: un grupo de países cuyo rendimiento es muy elevado, tanto que permitiría a los estudiantes de ISEC bajo ingresar en una universidad del mundo desarrollado, y que se sitúa sistemáticamente en extremo oriente; un grupo de países mediocres, generalmente pertenecientes al mundo desarrollado, que tiende a llevar a los alumnos de ISEC medio alto a la universidad y a los de ISEC bajo a empleos de menor cualificación, es decir, a dificultar la movilidad social (¿a nadie se le ocurre que esos países son hoy desarrollados precisamente por hacer justo lo contrario? ¿hacia dónde nos lleva este camino?); y un tercer grupo, habitualmente en Iberoamérica y los países árabes, en los que sólo los que tienen un ISEC muy elevado tienen el nivel suficiente para ir a estudiar a las universidades del mundo desarrollado.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cuáles son las claves que hacen que unos sistemas obtengan mejores rendimientos que otros? Pues autores discrepan. Muchos les dirán que la inversión, la inteligencia media, la calidad de sus profesores, la mentalidad de los padres, etc. Y todos estos factores importan, por supuesto. Pero si tengo que elegir cuál es el determinante, yo pienso que los más importantes son la extensión del currículo (esto es, la cantidad de materia que se imparte a los alumnos cada curso) y los niveles de exigencia. Pero, en el mundo de la investigación educativa, yo soy el raro que piensa que son las decisiones educativas las que definen a los sistemas educativos, y que muy en segundo lugar están los demás factores.
En fin, no comento más el gráfico, aunque tiene bastante para divertirse.
Les dejo, para rematar, otro: fiel a mi tradición de intentar descender a los sistemas autonómicos, les dejo también el gráfico por regiones. En este caso la homogeneidad de los grupos es mucho mayor, y se cumple que los padres nacidos en otra región tienen hijos cuyo rendimiento se parece más a los de sus compañeros de escuela que a los que siguen estudiando en las regiones donde nacieron sus padres. Sin embargo, las diferencias son significativas en muchos casos, teniendo en cuenta también que mantenemos currículos muy semejantes, pero no iguales niveles de exigencia. A mí me sigue llamando la atención que un chaval de entorno marginal obtiene en promedio 50 puntos más si ha nacido en Navarra que si lo ha hecho en Extremadura o Aragón, por fijarnos en las colas, o el caso madrileño. Si nos fijamos en la cabeza, las diferencias son también amplias: entre Navarra o La Rioja y Baleares o Murcia hay bastantes diferencias si nos fijamos en el rendimiento de los dos grupos con mayor ISEC (si hacemos caso a PISA, que considera que una diferencia de 38 puntos equivale a un curso completo, las diferencias por CCAA tanto entre los grupos de ISEC alto como en los de ISEC bajo son mayores que las que resultarían de estudiar un año más).


Para terminar, advertir que los dos gráficos no son directamente comparables: además del eje de abcisas (que es más reducido en el segundo), los grupos del primero no son iguales a los del segundo, pues en aquel la referencia para establecer los cortes es la de todos los países, mientras que en este es sólo España. Además, la categoría "Resto de España" incluye a la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Canarias, Ceuta y Melilla, que no pidieron muestra ampliada.

miércoles, 22 de enero de 2014

El suicidio de Europa (y tantos otros)

Hace unos años, cuando era redactor-jefe de Magisterio, la embajada inglesa me invitó a una comida, junto con otros periodistas y demás gente del sector educativo, con un alto cargo de Educación británico (creo recordar que era Jim Knight). En los postres, el "minister" nos preguntó por qué creíamos que Finlandia obtenía unos resultados tan espléndidos en PISA. No recuerdo la de los demás, pero sí que la mía contrastaba con el resto: yo creo que Finlandia tiene una educación que se consideraría mediocre en la Europa de hace unas décadas, pero que, como han mantenido el sistema sin grandes cambios, ahora destaca ante el resto; es Europa la que se ha suicidado educativamente, y Finlandia sólo es un testigo de la calidad de antaño. El político hizo un comentario irónico dejando claro que no compartía mi visión, y pasamos a otra cosa.
No sé qué dirá ahora mismo el político, pero yo sigo pensando lo mismo, o peor. Pero vamos con los datos, a ver si, después de verlos, alguien más comparte esta opinión. Las tablas y gráficos que ahora se presentan utilizan una metodología que pretende diferencias a los centros buenos y malos de los mediocres, basándome en los resultados de PISA 2012. Ya empleé una metodología similar –aunque para Europa Occidental– en este libro (5Mb) [Lo siento, enlace roto: pueden encontrar el libro aquí], donde se explican los aspectos metodológicos in extenso. Para no aburrir pondré el apéndice metodológico al final de la entrada: de momento baste saber que un centro bueno es aquel que consigue que un porcentaje significativo de sus alumnos obtenga unos resultados en Matemáticas muy por encima de lo esperado por el estrato socioeconómico de su familia de procedencia, un centro malo lo contrario, y uno mediocre ni fu ni fa. Los centros buenos consiguen la mejora social de sus alumnos y contribuyen enormemente a la mejora del país en general, mientras que los mediocres tienden a dejar las cosas como están. Los malos son uno de los mayores timos en los que puede incurrir un Estado, tanto para los alumnos, las familias y la sociedad en general y, salvo excepciones, no deberían permanecer abiertos.
Este análisis parte de la base de que la educación es el punto de apoyo del progreso económico, político y social de los países, pero no es algo evidente ni tiene por qué ser compartido. También creo que Europa Occidental consiguió lo que consiguió en la segunda mitad del siglo XX, a pesar de la guerra, la descolonización y las crisis económicas gracias no sólo a sus instituciones y sus sistemas económicos, sino a una apuesta educativa que actuaba como sustrato de todo ello, y que comenzó a cambiar a principios de los 70, cuando un país tras otro decidieron –decidimos– que nuestras instituciones eran tan buenas que podían sostenerse sobre el vacío.
Esta primera tabla muestra el porcentaje de alumnos que acuden a centros buenos, mediocres y malos en ocho grandes zonas del mundo. La agrupación es mía, basándome en los países que se presentan a PISA y en mis conocimientos geo-históricos (aparte de alguna consideración técnica: EE.UU y la Federación Rusa están por separado para que su tamaño no eclipse al resto del grupo). Los países que incluye cada grupo se encuentran en la segunda tabla, además de los no incluidos en ningún grupo. Hay, por supuesto, alguna disonancia, como la inclusión de Kazajstán en un grupo de países con una evolución bastante distinta, o de Tailandia entre los dragones del Pacífico, o la modernizada Turquía. Pero, en general, creo que hay cierta homogeneidad y que los grupos son coherentes.

Porcentaje de alumnos en centros buenos, mediocres y malos en PISA 2012
Por áreas geo-políticas
Malos ET Mediocres ET Buenos ET
Extremo Oriente2,0(0,53)42,2(1,58)55,8(1,47)
Europa Occidental7,9(0,59)69,6(1,07)22,5(0,95)
Europa Oriental8,5(0,61)69,0(1,80)22,5(1,63)
Transplantes británicos2,5(0,50)79,8(1,29)17,7(1,21)
Países musulmanes16,5(1,05)67,0(2,10)16,5(2,01)
Rusia6,3(1,86)83,5(3,24)10,2(2,51)
EE.UU6,9(2,74)88,8(3,04)4,3(1,94)
Iberoamérica31,2(1,46)68,3(1,45)0,5(0,20)
Todos14,6(0,59)69,0(0,80)16,3(0,48)
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de PISA 2012.

Las regiones están ordenadas de acuerdo con la mayor proporción de alumnos escolarizados en centros buenos. Aunque los parámetros utilizados se eligieron para que el 16% de los alumnos examinados en PISA 2012 acudiera a centros buenos, existe una gran variación entre regiones: mientras que en Pacífico hay una apuesta clara por la calidad –léase: por que los alumnos aprendan–, y que esta llegue al mayor número posible de alumnos, no es eso lo que nos encontramos en el resto del mundo. En Europa, tanto Occidental como Oriental, se mantiene la calidad sólo para algunos grupos de alumnos (y según qué países: véase la siguiente tabla), mientras que un grupo nada desdeñable de alumnos acuden todos los días a centros donde, en general, les saldría más rentable no acudir. Los "trasplantes" británicos –en terminología de Julián Marías– apuestan por quedarse como están, con pocos alumnos en centros buenos y muy pocos en los malos, mientras que la Federación Rusa y EEUU son monumentos a la mediocridad. En los países musulmanes podría parecer que hay un equilibrio entre la calidad y la mediocridad, pero no es cierto: en la siguiente tabla se ve que la apuesta por la calidad es exclusiva de Turquía, mientras que el resto sigue la peligrosa senda iberoamericana. Y es que no sé si los políticos iberoamericanos piensan que el progreso cae del cielo o que, porque no hay manera de encontrar más que trazas de calidad en sus sistemas educativos, mientras que cerca de un tercio de sus alumnos van a centros (¡la mitad en Argentina!) que quizás sería mejor que no permanecieran abiertos.
Para que puedan hacerse una idea más precisa –y entretenerse un rato–, les dejo la tabla por países, agrupados por regiones. Es un poco larga, ya lo siento; si quieren verla en detalle, clic para ampliar. Quizás les sorprenda la inclusión de tres estados de EE.UU y uno de la Federación Rusa, pero la base de datos de PISA los deja así y no me he molestado en averiguar por qué. La tabla incluye el porcentaje de alumnos en cada centro y su error típico (calculado según los estándares de PISA: ya sé que no hace falta ser tan preciso, pero estoy probando una librería de R para ello, y ya aprovecho). Además, la última columna indica la posición relativa de cada país en cada porcentaje, todos de mayor a menor; por ejemplo, España ocupa el lugar 39 de 67 en porcentaje de alumnos en centros buenos (en la parte media de la tabla), el cuarto en porcentaje de alumnos matriculados en centros mediocres (sí, somos de los primeros en mediocridad), mientras que ocupamos el puesto 51 de 67 en alumnos en centros malos (lo que está realmente bien).


Quizás se vea mejor en un gráfico, aunque no ofrezca tanto detalle. Los países se ordenan por el porcentaje de alumnos en centros buenos, y España aparece marcada con una sombra gris.


A no pocos les parecerá que el porcentaje de centros buenos de Europa Occidental, un 22,5%, es suficiente, y que hablar del suicidio de Europa sea exagerado. Pero quizás deba tener en consideración dos cosas: primero, que tal porcentaje se consigue básicamente por cuatro países, y muy poblados –Alemania, Francia Bélgica y Holanda, además de la minúscula Liechtenstein–, mientras que bastante se quedan en niveles ridículos; segundo, que en el cálculo se incluyen muchos países con malos resultados, lo que baja la media alrededor de 20 puntos y sube la correlación y los coeficientes de las variables empleadas: si se incluyeran sólo países desarrollados, el porcentaje de alumnos europeos en centros buenos descendería, mientras que la diferencia con los asiáticos aumentaría aún más (ver apéndice para más detalles). También es cierto que si la competencia empleada fuera Lectura en vez de Matemáticas, los países asiáticos no destacarían tanto. Lo que sería un triste consuelo: no se trata de que Europa esté peor que otros países, sino de lo que se ha dejado en el camino.
Por último, una tabla con las diferencias por comunidades autónomas españolas: aunque todas lo hacen bastante bien con respecto a los centros malos, las diferencias se encuentran en los alumnos matriculados en centros buenos. Por ejemplo, Castilla y León o Navarra tienen cuatro veces más que Murcia, o doce veces más que Andalucía. Y eso, recordemos, tras haber eliminado las diferencias socioeconómicas.

Porcentaje de alumnos en centros buenos, mediocres y malos en PISA 2012
España. Por Comunidades Autónomas
Malos ET Mediocres ET Buenos ET
Castilla y León0,6(1,54)77,3(6,85)22,0(7,11)
Navarra0,2(0,83)78,9(6,57)20,8(6,46)
País Vasco1,3(0,64)83,5(3,49)15,2(3,37)
La Rioja1,0(0,38)84,4(3,37)14,7(3,26)
Aragón1,7(1,71)85,5(6,27)12,8(6,03)
Cataluña0,0(0,00)88,2(4,38)11,8(4,38)
Madrid0,9(1,87)88,9(4,93)10,2(4,62)
Asturias1,5(1,52)91,8(4,93)6,7(4,71)
Galicia2,1(2,65)91,5(6,27)6,4(4,60)
Cantabria4,6(2,39)89,0(4,11)6,4(3,40)
Murcia7,3(3,26)87,5(4,90)5,2(3,71)
Resto de España3,2(3,98)92,6(5,04)4,2(2,90)
Andalucía0,0(0,00)98,3(1,69)1,7(1,69)
Baleares4,2(3,31)94,4(3,74)1,4(1,74)
Extremadura3,5(2,97)95,8(3,26)0,7(1,60)
España1,6(1,02)90,9(1,80)7,6(1,19)
Fuente: Elaboración propia sobre microdatos de PISA 2012.

Nota metodológica:
El proceso, resumido (está detallado en el libro enlazado anteriormente; también incluye –págs. 58-59– dos cuadros que intentan explicar la correlación y la regresión para legos, si no acaba de entender todo esto), es el siguiente. Se hace una regresión, con las puntuaciones de matemáticas como dependiente (en PISA, PV1MATH-PV5MATH) y el ISEC (en PISA, ESCS: índice socioeconómico y cultural) como independiente, de todo el mundo (salvo Albania, que no dispone de ISEC). Se toman los residuos y se marcan los alumnos con un residuo superior e inferior a una desviación típica. Los alumnos se agrupan por centros y se considera centro bueno aquel cuya diferencia entre la proporción de alumnos buenos y malos es superior a 0,30, mientras que se marcan como malos los que tienen una diferencia inferior a -0,30, dejando al resto como mediocres. El 0,30 no se elige al azar, sino que está pensado para que haya, aproximadamente, un 16% de centros buenos y un 16% de centros malos en el mundo. Una vez etiquetados los centros simplemente se calculan los porcentajes por país o región.
Esta metodología tiene, por supuesto, debilidades: una de ellas es que siempre hay que establecer que tal país tiene tantos o cuantos alumnos en centros buenos en relación al resto de países utilizados, pero esa proporción varía en cuanto cambiemos el número de países que intervienen (por ejemplo, en el libro sólo se utilizan los países de Europa Occidental). En el presente caso, al utilizar a todos los países, y no sólo a los más desarrollados, la media de Matemáticas cayó hasta los 456 puntos, mientras que el ISEC bajó a -0,607, en vez de 499 y -0.167 respectivamente. Esto hace que en una regresión baje el intercepto y suban pendiente y correlación, lo que, a efectos prácticos, supone que los mediocres como Europa Occidental aumenten el porcentaje de alumnos en centros malos y disminuya el de matriculados en buenos. Por poner un ejemplo, mientras que utilizando todos los países, los del pacífico tienen 2,5 veces más proporción de alumnos en centros buenos que Europa Occidental, en el caso de eliminar los países más atrasados educativamente la proporción aumenta a 3,6.
En el caso de España, nos quedaríamos con un 1,5% de alumnos matriculados en centros buenos y un 10,5% en centros malos. Es el problema de jugar en las ligas mayores.

jueves, 2 de febrero de 2012

Nivel educativo de los jóvenes 2011

El nivel educativo de los jóvenes (Young Education Attainment Level) es uno de los indicadores europeos sobre educación que formó parte de los objetivos de Lisboa para 2010. Se trataba de superar el 85%, pero aunque casi ningún país lo consiguió, sólo Malta, Portugal e Islandia quedaron a más distancia que nosotros. Un problema añadido es que nuestro país tuvo la peor evolución de la década (el caso noruego es una ruptura de serie), y si la empezamos en un 66% (nuestro máximo histórico) en 2000, la acabamos con un 61,2% en 2010 después de haber bajado del 60% en 2009.
Al igual que el abandono escolar temprano (Early School Leavers), intenta medir más o menos el porcentaje de jóvenes que alcanza un nivel de Secundaria superior (en nuestro país, Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio,en adelante FPGM), pero a través de una encuesta trimestral que es comparable en toda la UE y que en España se conoce como Encuesta de Población Activa o EPA, realizada por el INE.
Aunque es conocida principalmente por ser la que ofrece los datos de paro más fiables, en realidad la EPA recoge bastante información de los encuestados sobre el nivel educativo alcanzado, lo que se está estudiando en ese momento, etc. Por ello, se diseñaron estos dos indicadores basados en esta encuesta: el "nivel educativo de los jóvenes" es el porcentaje de población entre 20 y 24 años que ha obtenido al menos el nivel de secundaria superior, mientras que el “abandono educativo temprano” es el porcentaje de jóvenes entre 18 y 24 años que no tiene un título de Secundaria superior y ya ha dejado de estudiar.
Ambos indicadores pretender medir el mismo fenómeno, pero mientras que el primero es más estable y suele coincidir con la tasa bruta de titulados en Secundaria superior, el abandono escolar temprano es muy sensible a cambios en la organización escolar y a medidas educativas tomadas poco tiempo antes. Por ejemplo, las medidas de la LOE que redujeron el fracaso escolar y permitieron por tanto a más alumnos continuar estudiando comenzaron a notarse dos años después en este indicador, aunque aún no conocíamos las tasas de graduación en Secundaria superior. También es sensible a nuestra elevadísima repetición, lo que impide que en este indicador España roce el 30% en vez del 40%.
Esta anotación trata sobre los datos del nivel educativo de los jóvenes en España. Durante bastantes años, cuando trabajaba en Magisterio, los publicaba en exclusiva año tras año, y desde que se acabó nadie ha publicado tal dato hasta que no lo ha facilitado el Ministerio y, nadie lo ha dado a conocer distribuido por comunidades autónomas. Es cuanto menos curioso que el indicador final (el correspondiente a 2010), el que ha sido el objetivo de la década, no haya sido presentado por regiones ni siquiera por el Ministerio. ¿Será porque, como veremos, ninguna comunidad española lo cumple, o porque sólo dos estuvieron a menos de 15 puntos de conseguirlo? No, será que yo soy un mal pensado, viviendo como vivo en un país donde la rendición de cuentas de los políticos es la norma y no la excepción.
Pero vamos con los datos. En la tabla siguiente se puede ver el nivel educativo de los jóvenes por comunidades entre 2000 y 2011. El indicador formaba parte de la estrategia de Lisboa hasta 2010, pero no es uno de los principales para 2020, y no sé si la UE lo seguirá publicando. Ya ni siquiera aparece en el Sistema estatal de indicadores de la educación que elabora el Instituto de Evaluación y, curiosamente, en los informes sobre los indicadores de la UE tampoco aparece el dato por comunidades (en este pdf -1,7 Mb-, es el único indicador que no aparece así, pág. 48). La tabla completa es la siguiente, con las CCAA ordenadas por el indicador en 2011:

Evolución del nivel educativo de los jóvenes (20-24 años), por CCAA
2000200120022003200420052006200720082009201020112000-092009-112000-11
Ceuta (1)51,456,153,753,650,647,639,437,543,254,338,345,02,9-9,2-6,4
Canarias55,854,559,359,158,457,454,452,155,557,156,153,81,3-3,3-2,0
Andalucía58,458,656,454,252,853,452,354,053,053,053,655,3-5,42,3-3,1
Baleares51,150,754,252,251,149,551,047,648,246,549,855,4-4,68,94,3
Castilla-La Mancha59,057,755,855,555,654,454,254,151,755,054,955,5-4,00,5-3,5
Extremadura51,855,557,355,751,952,354,655,453,652,956,757,21,14,25,4
Murcia57,258,456,052,951,754,251,951,851,054,156,257,6-3,13,50,4
C. Valenciana62,358,458,158,458,660,361,861,459,156,759,559,3-5,62,6-3,0
La Rioja70,771,969,763,259,863,064,862,159,361,463,459,8-9,3-1,5-10,9
Castilla y León70,369,770,067,670,264,867,167,467,166,066,260,7-4,3-5,3-9,6
Melilla54,9--------45,947,761,4-9,015,56,5
ESPAÑA66,065,063,762,261,261,361,661,160,060,061,261,7-6,11,8-4,3
Cataluña67,865,465,060,959,460,365,761,259,461,461,762,8-6,41,3-5,0
Aragón75,075,568,071,370,170,267,966,467,368,767,264,6-6,3-4,2-10,4
Galicia65,066,666,869,268,868,767,568,066,263,466,967,7-1,64,42,7
Cantabria70,969,867,165,367,070,769,667,570,465,363,469,0-5,63,7-1,9
Madrid77,975,772,072,268,667,766,467,265,466,168,970,2-11,84,1-7,7
Asturias71,673,872,464,666,973,367,070,272,870,868,670,2-0,8-0,6-1,4
País Vasco81,581,480,978,381,580,481,280,880,176,980,178,5-4,61,6-3,0
Navarra82,379,875,675,073,777,382,978,377,374,476,680,2-7,95,8-2,1
Fuente: Para los datos entre 2000 y 2009 se han utilizado los publicados por el Ministerio de Educación (Las cifras de la educación en España, varios años). Para los dos últimos años, elaboración propia sobre los microdatos de la EPA.
Notas: (1) Entre 2001 y 2008 los datos de Ceuta incluyen también los de Melilla.

Como los datos pertenecen a una encuesta, es importante hacer constar los errores asociados a los porcentajes, algo especialmente importante con las comunidades pequeñas (para que una diferencia sea significativa debe ser mayor que la suma de los errores de los datos para los que se calcula esa diferencia):

Muestras y errores para el cálculo del NEJ
MuestraE.T. (95%)
ESPAÑA14.1690,8
Andalucía2.7701,9
Aragón5074,4
Asturias3405,3
Baleares3145,5
Canarias7953,5
Cantabria2895,8
Castilla y León1.2252,8
Castilla-La Mancha1.0633,0
Cataluña1.3052,7
C. Valenciana1.0953,0
Extremadura5124,3
Galicia1.5462,5
Madrid7223,6
Murcia5044,4
Navarra3085,6
País Vasco5244,3
La Rioja2196,6
Ceuta7611,2
Melilla5713,0
Fuente: Para el cálculo de la muestra y los errores típicos basados en ella se ha utilizado la EPA 2010.
Notas: Tanto el tamaño de la muestra como el error son aproximados, puesto que no se ha utilizado para su cálculo el procedimiento adecuado. En lugar de ello, y dado que se actualiza un sexto de la muestra cada trimestre, se ha considerado que el tamaño muestral es 1,5 veces el tamaño de la muestra de un trimestre.

Como se puede comprobar, sólo País Vasco y Navarra estaban en 2010 a menos de 15 puntos de alcanzar el objetivo marcado (el 85%), mientras que la media española quedó nada menos que a 24 puntos del objetivo final. En 2011 seguimos prácticamente en las mismas, aunque es de suponer que a partir de 2012, y durante cinco o seis años, el indicador mejore, pues es entonces cuando se podrá notar el descenso del fracaso escolar (y el aumento de la graduación en Secundaria superior subsiguiente) que se produce a partir de 2008.
El análisis de los datos es más o menos el de siempre: un claro norte-sur, donde el norte tiene datos bastante malos y el sur sencillamente horribles; un claro descenso del indicador tras la aplicación de la Logse (seis puntos en ocho años) compartido por la mayor parte de las CCAA, etc. Puede ver una evolución del indicador antes de 2000 aquí, por si piensa que tal descenso es normal.
Hay algún dato que sorprende, sobre todo el de Castilla y León, incluso considerando los errores de muestreo. Parece un error de la encuesta, ya que no coincide con los datos más fiables que tenemos, los de graduación en Secundaria superior ofrecidos por el Ministerio (que no son muestrales y, por tanto, no tienen margen de error. Estos datos son los que de forma indirecta pretende medir este indicador, y por tanto son preferibles al cálculo de la EPA. Son los siguientes (se han promediado los cinco años que corresponden al indicador de la EPA en 2011):

Tasas brutas medias de titulación en Secundaria superior y de fracaso
Bach FPGM Bach+FPGM Fracaso Escolar Bach+FPGM +Fracaso
Ceuta30,28,838,949,388,2
Baleares31,312,643,938,182,0
Canarias38,314,652,834,687,5
Melilla40,112,852,942,695,5
Murcia40,912,853,733,687,3
Castilla-La Mancha42,513,556,032,688,6
Extremadura41,814,356,132,788,7
C. Valenciana39,917,557,435,693,0
Andalucía39,818,858,734,092,7
ESPAÑA44,916,861,729,791,4
Cataluña43,818,462,226,888,9
Madrid51,211,362,427,489,8
Aragón46,919,666,526,693,1
La Rioja47,120,167,229,396,5
Cantabria47,420,067,321,789,0
Navarra50,419,770,119,789,8
Castilla y León53,218,071,222,393,5
Galicia52,819,572,324,596,8
Asturias57,319,676,916,393,2
País Vasco65,120,785,816,4102,2
Fuente: Ministerio de Educación.
Notas: Para Bachillerato y FP se han utilizado las tasas brutas de los cursos 2005 a 2009, mientras que para el fracaso escolar se han calculado a partir de las de los años 2003 a 2007.

Como ven, la tabla es muy similar a la primera, pero esta vez sin errores muestrales. Y pone a Castilla y León en su sitio (salvo que haya habido una emigración brutal de jóvenes entre 20 y 24 años en esa región, el dato no tiene sentido).
Además, he añadido dos columnas más a la tabla, para salir al paso de alguna tontería que ya se está oyendo. La primera (la quinta de la tabla) es el fracaso escolar de esas cinco cohortes, mientras que la siguiente es la suma de la tasa bruta de graduados más el fracaso escolar. Lo que falta para el 100 de la última columna es el porcentaje de población que, obteniendo el título de ESO, no obtiene el título de Secundaria superior. Ya sé que no es una medida exacta, pero nos puede valer como aproximación. Por ejemplo, en España el fracaso rondaba el 30%, mientras que los que los que fracasan en el Bachillerato o la FPGM son el 9%. Visto así, ¿dónde diría usted que está el problema principal, en los que no llegan a cursar la Secundaria superior, o en los que llegando no la acaban? Pues en España llevamos más esfuerzos (y algunos pretenden seguir por tal línea) para reducir el segundo número que para abordar el primero.
El principal problema de la FP Media no es la falta de prestigio, contenidos insuficientes u otras zarandajas, es que los alumnos que en cualquier país la estudian en España los hacemos fracasar antes, y no les dejamos estudiarla.

ACTUALIZACIÓN:
Me pregunta Karkos, con buen criterio (gracias), la razón de la leve mejoría de los últimos años. Se debe, como se puede ver en la siguiente tabla, a la mejora de la tasa de graduación de la FPGM. Y esa mejora es el último coletazo del retraso en dos años del inicio de la FP Media (de FP I a FPGM) que se produjo con la implantación de la Logse.

Variación de la media quinquenal de la tasa bruta de graduados en Secundaria superior
Bach+FPGM Bach. FPGM
1999-200358,445,812,6
2000-200458,645,613,0
2001-200559,945,414,5
2002-200660,845,115,6
2003-200761,345,116,3
2004-200861,344,816,6
2005-200961,744,916,8
Fuente: Ministerio de Educación

Las series anuales (y otras muchas) desde 1991 se pueden encontrar aquí.

martes, 14 de junio de 2011

Cascada de datos

Sigo liado y sin tiempo de nada, pero están saliendo bastantes datos, pues quería que se enteraran, ya que son importantes. En estos meses han aparecido en la prensa dos datos sobre nuestro sistema educativo bastante buenos (por supuesto, enormemente malos comparados con el resto de los países de Europa, pero espléndidos para cómo los dejó la Logse). Ambos datos provienen de la misma fuente: una declaración de un político, una filtración de un político.
Es decir, se ha reducido el fracaso escolar al 26% (cinco puntos en dos años), y se ha reducido el abandono educativo temprano al 28,4% (casi tres puntos en un año). Hay, además, dos cuestiones paralelas que a mí me interesan bastante: por un lado, que, al menos en Educación, la fuente de la prensa sean los políticos, y no los datos (la única periodista que ha publicado los datos, porque se molesta en consultarlos, ha sido Susana Machargo, de La Voz de Asturias); y por otro, que los datos los adelante un político cuando son buenos, y niegue que sean ciertos -sabiendo que lo son- cuando no son buenos (y no pase nada: la penúltima que lo hizo era candidata a la presidencia de Aragón).
Y una cuestión más: la crisis ni mejora el fracaso escolar ni mejora el abandono educativo, por más que se empeñen. La razón por la que baja el fracaso es porque se han tomado una serie de medidas en el propio sistema educativo que le han permitido mejorar algo. Son medidas de muy corto alcance, de carácter extraordinario, que venían anejas a la LOE, y que han funcionado allí donde las han aplicado mejor (o donde han tomado medidas de carácter administrativo para bajarlo por las bravas) y no han funcionado donde no han hecho nada, o lo han hecho mal. Pero, de la manera que fuere, el resultado es que cae el fracaso, lo que quiere decir que se permite a más alumnos continuar los estudios posobligatorios, y por ello aumenta el número de alumnos que se matriculan en la posobligatoria. Y aumenta los que titulan en posobligatoria. Y por ello, dos años después, cae el abandono educativo temprano. La responsabilidad de la crisis en la caída del fracaso es bastante menor. Algún año de estos lo mismo me hago con las EPAs anonimizadas año a año y se lo demuestro (he ofrecido a algunas instituciones informes sobre el tema, pero a ninguna parece interesarle, y uno no vive del aire).
En fin, vamos con los datos. Primero, el fracaso escolar por CCAA, publicado por el Ministerio:

Fracaso escolar 2008-09, por CCAA y sexo
CCAA Todos Hombres Mujeres
Asturias10,613,18,1
País Vasco12,215,38,9
Cantabria13,518,28,3
Navarra17,920,814,8
Castilla y León19,625,912,9
Galicia21,829,413,7
Cataluña22,827,917,4
Extremadura23,733,113,8
Madrid23,827,919,6
Aragón25,731,919,1
ESPAÑA25,931,819,6
Canarias26,332,719,5
Andalucía27,333,920,3
La Rioja28,233,323,0
Murcia30,036,423,2
Castilla-La Mancha31,239,522,3
Melilla36,638,434,6
C. Valenciana36,943,629,8
Ceuta38,244,431,6
Baleares39,046,631,1
Fuente: Ministerio de Educación.

Este año, su publicación se adelanta casi dos meses, y además viene acompañado de una extensa nota que contextualiza algo los datos, se da un rato de pisto, y que para mí es muy divertida de leer porque en los años en que el fracaso subía los mismos que la escriben negaban que lo que ahora proclaman fuera cierto (porque la nota, pese al aspecto técnico, es política, como su autor).
Los datos, a pesar de la mejora, siguen siendo escalofriantes: en el país de la supuesta equidad, los chicos siguen fracasando un 50% más que las chicas, y en Baleares se fracasa casi cuatro veces más que en Asturias. Una cuarta parte de la población sigue sin la titulación mínima, y se le impide seguir estudiando. Sólo una comunidad, Asturias, se acerca al 10% de fracaso, la cifra que debería tener la peor, y no la mejor CCAA de España.
La mejora global en los dos últimos años es de 4,8 puntos, pero no es igual en todas las CCAA (datos de años anteriores, aquí): mientras que Canarias, Extremadura o Ceuta mejoran entre 9 y 10 puntos, Melilla no se mueve, Aragón y la Comunidad Valenciana no mejoran siquiera un punto, mientras que Baleares mejora punto y medio. En once comunidades siguen fracasando más del 30% de los chicos, pero sólo en dos fracasa el 30% de las chicas. Además, en tres las chicas tienen un fracaso inferior al 10%.
En resumen, situación horrible, pero por lo menos ahora comenzamos a mejorar. El problema es que la mejora tiene probablemente un recorrido corto (queda por ver el efecto de los PCPI), y para seguir mejorando siguen haciendo falta reformas estructurales mucho más profundas y, sobre todo, dar una vuelta completa a la Primaria.
La página del Ministerio antes enlazada tiene más datos, pero para verlos en perspectiva lo mejor es consultarlos en esta hoja de cálculo (mejor la evolución de las tasas brutas de cada titulación: en Bachillerato aún tenemos el nivel de hace once años). Desde luego, con esto tienen para entretenerse un rato.
La siguiente tanda de indicadores son los que permiten compararnos con el resto de Europa. En un principio se establecieron una serie de indicadores-objetivo enmarcados dentro de la estrategia de Lisboa y con fecha tope para 2010. Había muchos, pero estos son los principales (el menú de la derecha lleva a los demás).
Relacionados directamente con el ámbito educativo había tres: abandono educativo temprano (luego hablaremos de él), nivel de logro educativo de los jóvenes (es el porcentaje de población entre 20 y 24 años que obtiene título de Secundaria superior: Bachillerato o FP de Grado Medio) y el de graduados en Ciencia y Tecnología, que era el único en el que nos manteníamos en niveles razonables.
El segundo indicador, el porcentaje de graduados en Secundaria superior, parece haber mejorado algo más de un punto en 2010 (al ser un dato muestral, la diferencia no llega a ser significativa), pero aún nos mantenemos en los niveles alcanzados en 1996. De todas formas, como ha mejorado el fracaso, en un par de años evolucionará a mejor de manera clara. Ahora, llegar al 85% que tenemos como objetivo necesita una reducción del fracaso a niveles por debajo del 10% o volver al sistema en el que se permitía acceder a la FP sin título de obligatoria (que básicamente ya está montado, de manera algo farragosa, a través de los PCPI).
Como los objetivos de Lisboa no se cumplieron de manera general (aunque con diversos grados), nuestros políticos europeos establecieron unos nuevos y se olvidaron de dar cuenta de los anteriores. Entonces, crearon los indicadores europeos 2020, y patada a seguir. Son bastantes indicadores menos, y relacionados directamente con la educación quedan dos: de nuevo el abandono educativo temprano y, como novedad, el porcentaje de titulados superiores (FP de Grado Superior y universidad) entre los 30 y los 34 años.
El primero es un viejo conocido, y mide el porcentaje de población entre 18 y 24 años que ha dejado los estudios y no ha obtenido al menos el título de Secundaria superior. En España, a pesar de ser muy alto, debido a nuestras enormes tasas de repetición, es menor de lo que debería ser. Es un indicador que puede haber caído algo con la crisis (o por los cursos del INEM), pero que está bajando y seguirá haciéndolo por la caída del fracaso escolar. En un par de años ha pasado del 31,9 al 28,4%, y es de esperar que siga cayendo durante unos años. Sin embargo, no bajaremos del 20% (el objetivo europeo es el 10%) sin reformas profundas.
El segundo indicador me parece algo estúpido, no como indicador, sino como objetivo a corto plazo. Medir la tasa de titulados superiores a los 30-34 años me parece muy bien, pero si queríamos mejorarla para 2020 deberíamos haber empezado hace diez años. Sabiendo un poco cómo va el percal, se puede saber que si en 2010 está cumplido (40,6%, cuando el objetivo es del 40% y la media de la UE es del 33%) es gracias a la Ley General de Educación de 1970. La primera cohorte Logse es la de 1982, por lo que empezará a notarse en el indicador hacia 2013. A partir de ese momento, el indicador se estancará en un 44-45%, que es donde está estancada la tasa de Bachilleres desde 2001. Nos ha pasado en todas las tasas durante la última década, no es nada nuevo. Aunque en el Ministerio siguen sin enterarse de nada:

"España ya está próxima a alcanzar el objetivo europeo del 40%. Por ese motivo, el objetivo nacional va más allá, hasta situarse en una tasa de jóvenes con educación terciaria del 44% en 2020. Objetivo intermedio para 2015: Alcanzar una tasa del 41%." (Programa Nacional de Reformas 2011, pág. 36).

Ya les digo que superaremos el 41% en 2011, que rondemos el 46% en 2015 y que en 2020 tengamos el objetivo cumplido, pero hayamos empeorado algo. ¿Qué puede hacer la Administración educativa para mejorar el indicador para 2020? Nada, ya se encontraron el trabajo hecho. Como mucho, serán Trabajo y sus cursos los que pueden hacer algo, ahora que no les faltan clientes (en 2010 también había objetivos relacionados con el empleo, como este, o este (escalofriante, se ha multiplicado por cuatro), pero de ellos ya no habla nadie. Eso de tener varios indicadores debe ser muy entretenido, coges las cerezas que te interesan, y te olvidas del resto: en 2007 las páginas de los Ministerios estaban llenas de logros laborales, pero tenías que bucear mucho para encontrar uno de los indicadores educativos, y ahora pasa lo contrario.
En fin, por fin datos educativos que permiten albergar cierta esperanza de mejora. Hace diez años, los que mirábamos datos ya decíamos que nuestro fracaso no era real, sino causado por el sistema educativo, y que había que cambiar el sistema. Han tardado diez años en rendir la ideología a la realidad (y sólo de aquella manera, no crean), pero hacen falta más cambios para alcanzar niveles razonables. Seguiremos luchando contra la ideología y la incompetencia, a ver si los que nacen ahora encuentran un sistema educativo decente. Para demasiados ya es tarde.