lunes, 22 de noviembre de 2010

Calcular el fracaso

Como algunos sabéis, he dedicado algún tiempo a trabajar sobre las definiciones técnicas de fracaso escolar y de su cálculo. Publiqué un resumen de mis conclusiones en un artículo en Papeles de Economía (de pago), y pensé que ya estaría el tema claro. Aún así, me llegaban noticias de que en el Ministerio seguían trabajando en la idea de que el fracaso estaba sobreestimado, ya que pensaban que el alumno que no saque el título a su edad lo puede sacar un año más tarde, lo cual es verdad. Es verdad, pero el problema es que no entienden lo que mide el indicador. A veces puedes decir la verdad y soltar una soberana tontería, como mostró la película Bienvenido, Mr. Chance, sencillamente porque hablas del tocino cuando te preguntan por la velocidad.
Pero vamos a empezar por el principio. En España se ha medido tradicionalmente el porcentaje de alumnos de un curso dado que promocionaban al curso siguiente. Cuando llegó la escolarización obligatoria hasta los 14 años, allá por los años 70, se comenzó a hablar de fracaso escolar referido al último curso de esta enseñanza obligatoria, entonces 8º de EGB: al introducirse el concepto de enseñanza obligatoria, automáticamente se comenzó a medir el porcentaje de alumnos que no obtenía el título mínimo obligatorio. En aquel entonces los alumnos salían de la EGB con un título (los que aprobaban) o con un certificado (los que no). Los primeros podían continuar los estudios en Bachillerato o FP I, los segundo sólo a FP I, y se suponía que la enseñanza era obligatoria hasta los 16. Es un error muy común decir que los que aprobaban iban a Bachillerato y los que no a FP, porque lo cierto es que la mitad de los matriculados en FP I tenían título y la otra mitad certificado.
Aunque este indicador era muy cómodo para medir cómo iba cada centro, y por agregación cada provincia, cada región y, al final, el país, lo cierto es que fue calando la idea de que, para agregaciones territoriales era más lógico usar otro indicador, denominado tasa bruta de graduación, ya que aquí se recogía lo que ocurría con toda la población, y no sólo con los matriculados ese último curso (por un lado, había un absentismo crónico en ciertas zonas, por lo que el primer indicador no los medía nunca; y, por otro, ese último curso acumulaba muchos repetidores, lo que distorsionaba los datos). Esta tasa bruta consistía en hallar el porcentaje de alumnos que obtenían la titulación sobre el total de la población en la edad teórica de obtención de tal título. Lo que faltaba hasta 100 es lo que denominamos fracaso escolar bruto. Por ejemplo, en el año 1985, esa tasa bruta sería: [alumnos que obtenían el título de 8º de EGB en el curso 1984-85] x 100 / [personas que cumplen 14 años en 1985]. El fracaso bruto sería 100-[tasa bruta].
Es decir, tanto en la primera tasa (tasa directa) como en la segunda (tasa bruta), el numerador era el mismo, pero cambiaba el denominador. Y, si se habla de escolarización obligatoria para todos, lo lógico era incluir a todos en la ecuación. De hecho, la tasa bruta era la medida usual en toda Europa.
Cuando llegó la Logse, la tasa bruta de fracaso se dejó momentáneamente de aplicar por razones técnicas: al tener a una parte de los alumnos en un sistema obligatorio hasta los 14 y otro obligatorio hasta los 16, no existía denominador común poblacional, y se volvió a recurrir al viejo sistema de la tasa directa entre 1991 y 1999. Pero, una vez implantada la Logse en su totalidad, en 2000, se pudo volver a calcular la tasa bruta de fracaso escolar, y así lo hizo el Ministerio desde entonces. Pero ya se habían producido las transferencias a las Comunidades Autónomas, y estas no se dieron por enteradas de que se podía volver al cálculo de la tasa bruta. Ese año daba lo mismo, pues los datos de ambas tasas eran muy parecidos, pero a partir de entonces vean lo que ocurrió:


Es decir, el fracaso escolar bruto, la que incluía a toda la población, creció cuatro puntos en siete años, mientras que el fracaso directo disminuía más de cuatro en ese mismo tiempo. Al final, en el último año Logse la diferencia era de más de ocho puntos. El cálculo de las Comunidades Autónomas tenía un error de medida cercano al 30%. Vamos, que con ese metro Pau Gassol (2,15 m.) mediría 1,54, y lo habrían apuntado de base en el equipo del Instituto. Por eso, cada vez que publicaba el fracaso escolar, los responsables de las comunidades peor paradas salían diciendo que su dato era distinto y mucho menor. Y había periodistas que publicaban ese dato, y a otra cosa. ¿Para qué va a tomar medidas un político si se ha intoxicado a sí mismo y se cree que el fracaso es menor del que es? Pues, naturalmente, el fracaso continuó creciendo año tras año.
Pero, ¿por qué diferían ambos cálculos? Mi tesis es que se debía a la regla del 25%. Mientras en España se fue aumentando el volumen de población escolarizada, había que controlar que los centros y los profesores (que venían de un sistema más exigente) no suspendiesen a demasiados, y ese sistema fue controlar/presionar para que los centros no superasen demasiado el 25% de suspensos en el último curso. Cuando se implantó la Logse mantener un cuarto de suspensos en 4º de la ESO era insostenible, y por ello se fueron acumulando alumnos en los cursos anteriores (o fue algo natural: el propio sistema lo propiciaba), primero en 3º, luego en 2º, finalmente en 1º. Los que repetían antes de 4º de ESO, muy a menudo, nunca llegaban al último curso pues abandonaban al cumplir los 16. Y con ello se mantenían las estadísticas.
Hasta aquí la historia. Vamos ahora con la cuestión técnica: por qué no es cierto que el sistema de la tasa bruta no es exacto porque aunque un alumno repita puede sacar el título al año siguiente. Este argumento tiene una trampa conceptual un poco curiosa: pensar que un alumno puede sacar un título tras repetir pero no considerar que un alumno puede sacar el título a los 17 años. Dicho así suena absurdo, pero es la raíz del argumento.
Veamos primero un gráfico con la distribución por edades de los alumnos de 4º de ESO junto a otro de la distribución por cursos de los alumnos de 15 años (curso 2008-09, pero es similar en cursos anteriores):


Es decir, el 63% de los alumnos de 4º de ESO tiene 15 años, y el 59% de los alumnos de 15 años están en 4º de la ESO. Por un lado, es cierto que un 41% de los alumnos aún no ha llegado a 4º y, por tanto, no tiene posibilidad de titular aún, pero por otro un 37% de los alumnos de 4º de la ESO tiene más de 15 años y sí que está en disposición de titular (de hecho, los alumnos más mayores, que siguen ahí sin abandonar, tienen más probabilidades de titular que los que van retrasados, pues muchos no llegarán a pisar un aula de 4º de ESO –un 10% de cada cohorte– o no llegarán a los exámenes finales).
Por tanto, al dividir entre los alumnos de 15 años no estamos dejando fuera a los alumnos que pueden sacar el título después (puesto que incluimos a los de cohortes anteriores que se lo sacan ahora), sino que dividimos por un grupo homogéneo de alumnos, la cohorte de edad. Por ello, cuando las cohortes son homogéneas, la medida es muy exacta. Además, cuando no tenemos un dato aislado, sino una serie bastante estable, como es el caso, la medida es mucho más fiable: al poner en el denominador a todas las personas año tras año, variaciones grandes de titulados producirían picos en la serie, y entonces la medida de un año concreto no sería fiable. Pero esto no se produce.
Pero hay otra medida que viene a corroborar el fracaso bruto: desde hace unos años, el Ministerio ha incluido en la estadística el porcentaje de alumnos que salen de la ESO con y sin título. Al principio lo hacían también por redes, lo que daba idea de las diferencias de fracaso entre la pública y la privada, pero los resultados eran bastante escandalosos y dejaron de publicarlo. El indicador es definido así por el Ministerio:

La distribución del alumnado que sale de la E.S.O. según el resultado obtenido […] es un indicador alternativo a la tasa bruta de población que se gradúa en E.S.O. Este nuevo indicador sólo utiliza datos derivados de la Estadística de la Enseñanza niveles no universitarios, a diferencia de la tasa bruta que utiliza también las Proyecciones de Población. Se define el “alumnado que sale de la E.S.O. en el año X” como diferencia entre el “alumnado matriculado en el año X en la E.S.O. con 15 y más años de edad” y el “alumnado matriculado en el año X+1 en la E.S.O. con 16 y más años de edad” (edad partir de la cual se producen las salidas de este nivel). El “alumnado que sale sin título de Graduado en Secundaria” se obtiene como diferencia entre el “alumnado que sale de la E.S.O. en el año X” y el “alumnado graduado en E.S.O. en el año X”.
Vamos, que el indicador indica el porcentaje de alumnos que abandonan la ESO sin título sobre el total de alumnos que dejan la ESO con 15 años o más, y podemos denominarla tasa neta. Es una medida muy similar al fracaso escolar bruto, salvo que no tiene en cuenta el absentismo antes de los 16 años (que existir existe: un 2,2% en 2009, ya les contaré una divertida historia sobre este tema). Los últimos datos de este indicador, para el curso 2007-08, se encuentran en la tabla D3.9 de este pdf.
Este fracaso neto era en 2007 del 28,6%, algo por debajo de 30,7% de fracaso bruto ese año. Si miramos con cuidado la tabla por comunidades vemos que el fracaso neto mide prácticamente los mismo que el bruto (la variación de unos es explicada en un 87% por la variación del otro o, dicho en términos más técnicos, la R2 entre ambas variables es de 0,87), sólo que su media es algo menor. ¿Por qué? Porque no tiene en cuenta el absentismo en etapas obligatorias. Esta tasa neta es mejor en algunos aspectos: capta mejor las variaciones año a año, y además permite utilizarla en más contextos. Por ejemplo, para saber las diferencias entre pública y privada, o para medir el fracaso cuando varía la edad de la enseñanza obligatoria. También es algo más justa con el sistema educativo, que no suele tener responsabilidad sobre el absentismo, pues tiene un fuerte componente social.
Como el que haya tenido la paciencia de llegar hasta aquí lo mismo anda un poco perdido, recapitulo: hay un fracaso directos con un error de medida sobre el fracaso real del 30%, y que lo subestima enormemente (y que es el favorito de las administraciones autonómicas); un fracaso neto que es muy exacto para los que están escolarizados pero que no tiene en cuenta el absentismo (un 2% de la población); y un fracaso bruto que tiene en cuenta a toda la población, que es bastante exacto, pero que es utilizable sólo en algunos casos.
No está mal el lío para medirlo. Lo que no hay duda es que este dato es el que hunde todos nuestros indicadores educativos en las siguientes etapas y que es el mayor segregador social de nuestra sociedad.

domingo, 3 de octubre de 2010

Veinte años no es nada

Con fecha de 3 de octubre de 1990, firmada por el Rey y por el entonces presidente del Gobierno, Felipe González, aunque publicada en el BOE del día siguiente, siendo ministro de Educación Javier Solana, hace por tanto 20 años, nació la Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo, más conocida como Logse.
No sé si mañana algún periódico se acordará de ella, pero en los de hoy domingo no hay nada. Cuando cumplió diez años se celebraron muchos actos de celebración y se llenaron muchas páginas, pero en ese momento aún eran pocos (y con poca voz) los que estaban sufriendo ya sus efectos. Imagino que los reductos logsistas (los que siguen ganando dinero con ella) le dedicarán alguna página, y el resto (erróneamente) la ignorarán.
Hoy no tengo tiempo para dedicarle a los datos y los gráficos, aunque lo hubiera querido, por lo que me vais a permitir que no apoye mis afirmaciones con ellos: podéis considerar lo que diga ahora como una opinión de tantas que circulan por ahí, aunque muchos de los datos ya los ha publicado en los últimos diez años, que son los que llevo estudiando estas cifras (hay otras muchas opiniones de gente que jamás ha analizado ni entendido un gráfico, y que hablan de "logros históricos" cuando el logro no pasó del papel o tuvo un efecto muy reducido en los datos).
En fin, hoy hace 20 años de la promulgación de una de las peores leyes de nuestra democracia y, sin duda, la que va a tener unos efectos a más largo plazo (para mal) en nuestro país. Una ley que falló en prácticamente todas sus previsiones y objetivos confesados en su preámbulo y en otros documentos anteriores, un fracaso achacable a la falta de preparación técnica de los que la escribieron. Pero sus negativos efectos no son sólo responsabilidad de los que la impulsaron: ha hecho falta la cobardía de muchos a muchos niveles, y los intereses políticos y crematísticos de otros tantos, para que la irracionalidad se impusiera.
Como me dijo uno de los grandes directores generales de Educación de este país, el único que se enfrentó de verdad a esta Ley, los efectos negativos de la Logse los vamos a sentir durante los próximos 100 años. Otra cosa es que nadie se acuerde de esta ley cuando se analicen las causas, como ocurre (cada vez menos) con el análisis del desproporcionado paro juvenil (vía) de nuestro país.
Aunque el análisis de los indicadores educativos ya da suficientes pistas sobre la magnitud de la debacle educativa, las pruebas fundamentales (los microdatos de las evaluaciones educativas de los últimos 30 años) continúan bajo llave (política) en el Instituto de Evaluación y en las Consejerías de Educación de este país, de donde no paran de salir análisis de medio pelo sobre la enseñanza española. Así, el ministro Gabilondo puede decir las boberías que dice (cada vez más, cuanto más tiempo está en el Ministerio y le informan los que están allí) sobre la educación española: ya es capaz de utilizar un mismo argumento para defender una cosa y su contraria, según convenga. No sé si algún día se enterará de lo sesgados que están los datos que le pasan.
En fin, este año lo tengo complicado: a mi falta de tiempo habitual debida al trabajo, no se me ha ocurrido otra cosa este año que volver a la universidad a hacer un máster. Aún así, intentaré ir desgranando los datos que apoyan lo que digo, y analizando las banalidades que espero vuelvan a repetir los que aún, abierta u ocultamente, defenderán la Logse y sus logros históricos. Dará lo mismo, porque en este país la mentira en general (y en los políticos en particular) no tiene consecuencias.

domingo, 26 de septiembre de 2010

A quien pueda interesar (I)

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jueves, 16 de septiembre de 2010

Fracaso escolar por provincias 2008

Como algunos de mis lectores saben, estos últimos meses me he enfrentado a una grave enfermedad en la familia y le he dedicado poco tiempo al blog y al trabajo, por lo que los retrasos son considerables. Aunque estamos ya cerca de ganar, aún se notará la desatención un tiempo, lo siento. Se hará lo que se pueda mientras tanto, y pido perdón si algún comentario no es contestado en tiempo y forma. En estos meses he acumulado algunas anotaciones que irán saliendo a medida que las remate. De momento, este texto es la respuesta a una petición anónima, que espero se de por satisfecha. Es parte de un informe sobre el fracaso que estoy preparando, pero que no sé cuándo verá la luz. Pero vamos con los datos:

Hace unos meses publiqué un adelanto del fracaso escolar en España en 2008. Este verano salieron por fin las cifras oficiales. El fracaso escolar por Comunidades es el siguiente:

Evolución del fracaso escolar por CCAA (2002-2008)
Media Dif.
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 (1) a (6) (8)-(7)
(1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9)
ESPAÑA28,928,728,529,630,830,728,529,5-1,0
ANDALUCÍA33,833,533,634,834,034,233,134,0-0,9
ARAGÓN24,824,527,425,829,126,425,926,3-0,4
ASTURIAS16,714,019,814,816,516,512,916,4-3,5
BALEARES33,536,837,238,038,040,540,337,42,9
CANARIAS35,333,533,435,135,935,330,434,8-4,4
CANTABRIA23,321,122,823,022,419,218,422,0-3,6
CASTILLA Y LEÓN22,423,920,221,022,524,022,522,30,2
CASTILLA-LA MANCHA35,233,032,330,333,733,530,933,0-2,1
CATALUÑA24,525,425,027,828,427,223,726,4-2,7
C. VALENCIANA32,832,232,735,839,737,838,335,23,1
EXTREMADURA36,232,832,432,832,432,927,833,3-5,5
GALICIA24,723,723,523,925,126,324,224,5-0,4
MADRID25,425,725,926,129,229,925,527,0-1,5
MURCIA34,733,834,033,332,534,333,033,8-0,8
NAVARRA20,920,317,118,322,320,520,219,90,3
PAÍS VASCO17,418,513,616,617,016,413,116,6-3,5
LA RIOJA32,930,228,228,428,631,134,029,94,1
CEUTA47,353,442,650,152,048,247,748,9-1,2
MELILLA43,449,447,242,337,536,536,742,8-6,1
FUENTES:
(1) a (7): Ministerio de Educación. Estadística de la Enseñanza no Universitaria. Series.
(8): Elaboración propia sobre datos del Ministerio de Educación. Estadística de la Enseñanza no Universitaria. Varios años, e INE. Estimaciones de la población actual (2002-08)

Las primeras columnas (1-7) dan cuenta de la evolución del fracaso desde 2002 hasta el último dato disponible, 2008. La octava columna es la media de fracaso 2002-2007, una especie de resumen del fracaso Logse acumulado en los últimos años. La última columna indica cómo ha evolucionado el fracaso LOE con respecto al Logse en este último año. Como puede verse, algunas CCAA no han aprovechado el nuevo escenario –especialmente Baleares, Comunidad Valenciana y La Rioja–, pero la mayoría sí. Tres que tienen un gran margen de mejora, como Canarias, Extremadura y Melilla, son las que mejor evolución presentan este último año.
Sorprende que en el acumulado 2002-2007 sólo seis comunidades fueron capaces de mantener un fracaso medio inferior a la cuarta parte los jóvenes, y que esto no fuera un escándalo permanente. Como recordaréis, el fracaso escolar es el porcentaje de jóvenes que no obtienen el título de ESO (y, como ya expliqué no es que no lo obtengan a la edad que les corresponde, es que abandonan la escuela sin él).
En fin, vamos al mapa provincial para 2008 (podéis compararlo con el de 2007 aquí):


Y, en el mismo formato que la tabla anterior, el fracaso escolar por provincias, esta vez ordenado de (mayor a menor) menor a mayor:

Evolución del fracaso escolar por provincias (2002-2008)
Media Dif.
2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 (1) a (6) (8)-(7)
(1) (2) (3) (4) (5) (6) (7) (8) (9)
Guipúzcoa13,715,99,712,111,912,010,212,6-2,4
Asturias16,714,019,814,816,516,512,916,4-3,5
Vizcaya19,219,215,018,119,818,113,418,2-4,8
Salamanca18,819,414,314,817,916,318,317,01,3
Cantabria23,321,122,823,022,419,218,422,0-3,6
Lugo27,520,022,521,721,422,218,622,6-4,1
Álava18,921,717,021,118,320,318,819,5-0,7
León21,524,318,821,422,824,619,422,2-2,9
Navarra20,920,317,118,322,320,520,219,90,3
Valladolid20,323,321,320,722,625,520,722,3-1,5
Soria24,716,519,615,616,725,320,819,81,0
Lérida20,222,623,323,428,025,121,223,8-2,6
La Coruña22,521,821,322,023,325,521,722,7-1,0
Barcelona24,524,924,327,427,526,323,025,8-2,8
Gerona22,024,823,828,028,528,023,226,0-2,8
Huesca23,123,941,535,331,129,623,930,6-6,6
Burgos23,522,518,820,822,522,824,021,82,2
Ávila29,729,626,221,823,126,325,326,2-0,9
Madrid25,425,725,926,129,229,925,527,0-1,5
Zaragoza25,123,923,823,427,324,925,724,71,0
Orense25,822,024,224,925,028,526,025,01,0
Zamora31,928,827,927,027,328,826,328,7-2,3
Guadalajara24,525,130,324,528,728,627,327,00,3
Palencia15,429,524,225,224,825,027,323,93,4
Cáceres37,733,734,636,534,434,227,535,2-7,7
Jaén32,832,531,430,930,230,227,931,3-3,4
Pontevedra25,827,726,026,528,227,927,927,00,9
Badajoz35,432,431,230,731,232,227,932,2-4,3
Granada32,831,130,231,030,330,628,131,0-2,9
ESPAÑA28,928,728,529,630,830,728,529,5-1,0
Ciudad Real35,432,830,730,832,133,429,532,5-3,0
Albacete32,932,232,629,735,232,529,632,5-3,0
Córdoba32,731,532,732,232,631,929,632,3-2,7
Tarragona29,031,132,032,634,433,629,832,1-2,4
Teruel25,028,529,327,136,330,430,029,50,4
Las Palmas32,631,635,435,634,836,230,234,4-4,1
Santa Cruz de Tenerife38,435,731,234,637,134,330,535,2-4,7
Segovia24,722,817,324,924,626,330,523,47,1
Cuenca39,131,631,329,132,532,430,832,7-1,9
Cádiz33,833,131,835,532,733,931,733,5-1,8
Murcia34,733,834,033,332,534,333,033,8-0,8
Valencia29,429,630,033,836,533,333,532,11,4
La Rioja32,930,228,228,428,631,134,029,94,1
Toledo38,436,634,632,135,936,234,135,6-1,6
Sevilla34,035,335,135,635,935,134,635,2-0,6
Málaga32,731,533,435,634,536,035,233,91,2
Melilla43,449,447,242,337,536,536,742,8-6,1
Huelva37,236,637,837,436,737,236,937,1-0,2
Baleares33,536,837,238,038,040,540,337,42,9
Almería36,838,238,240,239,438,841,338,62,7
Castellón35,034,034,836,838,841,942,536,95,6
Alicante36,835,135,738,344,042,243,138,74,4
Ceuta47,353,442,650,152,048,247,748,9-1,2
FUENTES: Elaboración propia sobre datos del Ministerio de Educación. Estadística de la Enseñanza no Universitaria. Varios años, e INE. Estimaciones de la población actual (2002-08)

En la última columna aparecen en verde aquellas provincias que han mejorado más de un punto en 2008 en relación al fracaso acumulado entre 2002 y 2007, y en rojo las que han empeorado más de un punto. Es preocupante que al principio de la lista haya una mayor concentración de provincias que mejoran, mientras que en el final se concentren las provincias en rojo, lo que quiere decir que se están ahondando las diferencias de fracaso.
Es todo por el momento. Ya sé que echaréis de menos más datos, pero de momento es lo que hay. En el informe que preparo (y que espero que vea la luz algún mes de estos) estará el fracaso por sexos, por redes (pública y privada), además de algunas de sus causas y sus consecuencias. Todo se andará.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Huele a… victoria

Muchos recordaréis a Robert Duvall en Apocalypse Now diciendo aquello de "Adoro el olor a napalm por la mañana". Tras arrasar un poblado enemigo con la tristemente famosa sustancia recuerda otra masacre similar rematando la frase con un "Olía a… victoria". Era una de las formas de ver el horror de la guerra, ese horror que es el tema central de la película de Coppola (papá Francis, no la niña).
Leyendo hoy la nota del Ministerio y las declaraciones de Eva Almunia –la número dos de Educación– sobre la publicación del Education at a Glance 2010, no sé por qué, me han recordado esa frase. El EAG 2010, o Panorama de la Educación 2010 en versión hispana, es una publicación anual de la OCDE en la que se pasa revista, a través de una serie de indicadores más o menos constantes, a los resultados de la educación y de la formación en los países pertenecientes a esta organización (que incluye, entre otros, a todos los países de mundo desarrollado). Hay que estar atento, porque no es una publicación sobre educación, sino más bien sobre cómo participa la educación en la economía. Es un sesgo interesante y nada despreciable, por supuesto, pero lo tiene, entre otras cosas porque la OCDE es una organización principalmente económica.
Bueno, pues el Ministerio, desde hace unos cuantos años, saca un documento resumen con los, se supone, principales datos referidos a España. En teoría para facilitar el trabajo a la prensa y al público interesado (quién tiene tiempo de mirarse un documento de más de 400 páginas, lleno de tablas y, encima, en inglés), en realidad un campo minado de datos retorcidos e interpretaciones sesgadas, un manual de cómo seleccionar unos pocos datos para dar la impresión de que nuestro sistema educativo goza de una salud envidiable.
Hay, pues, tres documentos: la nota de prensa, el "resumen español" del Ministerio y la publicación original en inglés, en adelante EAG 2010. Pero vayamos con la nota de prensa. El titular dice: "Más del 80% de los alumnos de entre 15 y 19 años siguen estudios postobligatorios". Qué gilipollez, me digo, si el 30% no obtiene el título de la ESO y la Logse puso trabas para continuar estudiando sin él, ¿cómo va a seguir más del 80%? Pero la nota de prensa abunda:
"La secretaria de Estado de Educación y Formación Profesional, Eva Almunia, ha destacado que 'los datos de escolarización y de titulación en etapas post oblig(a)torias nos permiten ser optimistas ante la evolución del abandono temprano, el principal reto del sistema educativo español' […]. En este sentido, el informe pone de manifiesto que en el curso 2007/08 el 81% de los alumnos de entre 15 y 19 años siguen estudiando después de la Secundaria, ocho puntos más que en 2001."
Me voy al resumen español, donde dicen (pág. 12):
"Las tasas de matrícula de los alumnos de 15 a 19 años ofrecen una visión de la permanencia de los jóvenes en el sistema educativo después de la educación obligatoria. Son, por tanto, un complemento que enriquece al indicador de Abandono temprano de la educación y la formación que elabora la Unión Europea. Entre los años 1995 y 2008, estas tasas han aumentado en España en ocho puntos, del 73% al 81%."
Pero en el gráfico al que hacen referencia ya sólo ponen “Tasas de matriculación de alumnos entre los 15 y los 19 años (1995, 2000 y 2008)” (pág. 13). Vaya, pues resulta que es una tasa de escolarización genérica, no de una etapa en concreto (ya me parecía). Vamos a la fuente original: la tabla C.1 (pág. 303) se titula “Trends in enrolment rates (1995-2008)” (Tendencias en las tasas de matriculación) y consta de dos subtablas, una para los 15-19 años y otra para los 20-29 años. La primera aparece en el informe del Ministerio, la segunda no (debe ser porque en 1995 teníamos un 21% de tasa de matriculación a los 20-29 años, en 2000 un 24% y en 2008 volvemos a estar en un 21%: el “efecto Logse”, que no perdona).
Pero, ¿qué importancia tiene que sea una tasa de escolarización genérica o una tasa de escolarización posobligatoria? Pues en la mayor parte de los países ninguna, pero en un país donde tenemos una tasa de repetición absolutamente desmesurada, mucha. Primero, porque a los 15 años ya ha repetido un 42% de los alumnos. Segundo, porque a los 16 años sigue habiendo un 35% de alumnos en la ESO, y aún un 12% a los 17 (los datos son de la estadística del Ministerio para el curso 2007-08, en concreto de aquí). Una repetición que aún no se había disparado en 2000 y que no existía en 1995 (entonces los alumnos hacían BUP o FP I/II).
¿Cuál es el dato que indica cómo ha evolucionado la situación de la escolarización posobligatoria en España? En mi opinión, el único comparable con 1995 y 2000 es la tasa de escolarización a los 17 años, ya que es el único año en que es edad posobligatoria tanto para la Logse como para la LGE y aún no hay alumnos en la universidad. La evolución de ese indicador es la siguiente (tabla 8): 73,3% en 1995, 76,1% en 1998, a partir de entonces pequeñas variaciones alrededor del 75% hasta 2008. Vamos, de evolución positiva nada, estancamiento puro y duro durante una década. Si sólo contamos la posobligatoria (tabla 9), entonces tenemos el 62,6% en 2000, 63,6% en 2001, 65% en 2002 y desde ese año una suave pendiente hasta el 63,2% de 2008, último "año Logse".En 2009, con la mejora del fracaso, volvemos a subir hasta un 65,5% (lo siento, no tengo tiempo para un gráfico).
Ya hemos visto que el título de la nota es puro humo, y que el informe está bastante amañado en este caso. Pero no es el único ejemplo. Como sigue la nota de prensa:
"Asimismo, Panorama de la Educación 2010 señala el incremento en el número de alumnos que logran el título de Bachillerato o Formación Profesional de Grado Medio en el año que les corresponde y que se sitúa en un 73%, frente al 66% que lo lograba en 2001."
Pues tampoco me cuadra. Sobre todo, porque en España en 2008 se graduaron (tasa bruta) en Bachillerato un 44,7% de la población, y en FP de Grado Medio un 16,8%, lo que nos da un total de 61,5% en graduados en Secundaria superior. Tampoco me cuadra el dato de 2001, 57,7% según el Ministerio. Ni el de 1995 (que aparece en el "informe español"), un 62% según la OCDE y 56,3% en las estadísticas oficiales. Me voy a la tabla original (A2.2) en la página 55 del EAG 2010, que no explica demasiado, y a la anterior (pág. 54), donde muestran algo más del método de cálculo (aunque no lo aclaran todo). Lo que parece que hace la OCDE es coger tanto a los titulados en FPGM –en Bachillerato los datos coinciden– como a los que obtienen un certificado profesional de nivel 2, que no son otorgados por Educación sino por Trabajo.
Es un método de cálculo válido para la OCDE, pero no para conocer los resultados de un sistema educativo. Para empezar, muchos de los que lo obtienen, lo hacen por encima de los 25 años (en España no sabemos cuántos: es un problema grave de nuestras estadísticas el que no sepamos nunca a que edad se obtienen los títulos). Segundo, en todo caso el éxito corresponde al sistema de Formación Ocupacional, dependiente de los Servicios de Empleo, porque los datos de Educación son bastante planos y no hay una mejora clara (cinco puntos en 15 años, y con bastantes variaciones.
Podría seguir con más aspectos de la nota y el informe, pero esto se ha hecho demasiado largo. Para otro día dejo la revisión del texto original.
Se supone que el “informe español”, elaborado por el Instituto de Evaluación, iba a poner "el acento en aquellos datos comparativos que permiten conocer mejor el sistema educativo español en relación con nuestro entorno" (pág. 7). Más bien selecciona datos positivos sin ponerlos en el contexto español. Y eso que se supone que dicho Instituto es el que mejor conoce nuestro sistema educativo (tiene los datos de todas las evaluaciones nacionales, que no comparte con nadie). Una vez me dijeron de su director que era especialista en ver “el lado amable del cieno”. Por lo que veo, el Instituto de Evaluación es capaz de encontrar, entre el horror de nuestros datos educativos, el olor a victoria.